04/11/2025
EL TRABAJO NOCTURNO Y SUS CONSECUENCIAS
El trabajo por turnos tiene una influencia significativa en el ritmo circadiano, este es el reloj biológico interno que regula los procesos fisiológicos en un ciclo de aproximadamente 24 horas, programándonos biológicamente para estar activos de día y dormir de noche.
¿Cómo se altera el ritmo circadiano?
El trabajo por turnos, especialmente el nocturno o el rotativo, provoca una desincronización circadiana porque exige mantener el cuerpo activo en momentos en que está biológicamente predispuesto al descanso y viceversa.
Esto se debe a varios factores como la exposición a la luz ya que trabajar de noche implica estar expuesto a luz cuando debería haber oscuridad, lo que suprime la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño. Lo anterior provoca dificultad para dormir de día cuando el ritmo circadiano los hace estar más despiertos, resultando en un sueño más reducido y de peor calidad y en consecuencia se genera un desajuste social entre el tiempo de trabajo, el tiempo biológico y el tiempo social (familiar y de ocio).
Esta alteración persistente del ritmo circadiano y la consiguiente deuda de sueño generan diversas consecuencias negativas para la salud como, por ejemplo: trastornos del sueño caracterizado por insomnio o somnolencia excesiva, alteración en el rendimiento
representado en fatiga crónica y somnolencia excesiva durante el turno de noche.
Disminución del estado de alerta, de la capacidad de concentración, y aumento de errores y accidentes laborales y de tráfico, especialmente durante el turno de noche.
Otras consecuencias son físicas y metabólicas como enfermedades gastrointestinales por alteración de los horarios y secuencia de las comidas, provocando dispepsia, acidez y dolor de estómago, mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedad coronaria, e incluso accidentes cerebrovasculares (ACV) aumento del riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 e intolerancia a la glucosa debido a la desregulación metabólica.
Otras importantes consecuencias son de índole social y psicológico: mayor riesgo de estrés, ansiedad, irritabilidad y, en algunos casos, depresión Empobrecimiento de las relaciones sociales y familiares, y dificultad para disfrutar del ocio. Problemas de memoria y toma de decisiones.