04/04/2019
Hermoso texto del Dr. Fernando Callejón:
La actitud de curación
Esta puerta es muy difícil de abrir. Cuando alguien está enfermo, lo único que quiere es dejar de estarlo. La propuesta de tener una actitud determinada suele ser rechazada de plano. Es por eso que la llave es hacerle entender que él conoce esa actitud y que solo necesita recordarla. Siempre le proponemos el ejemplo del animal herido en la selva.
Allí, sin que nadie se lo haya enseñado, el animal buscará un lugar que lo oculte de los predadores ya que herido es una presa fácil. Se arrastrará hasta un árbol porque el rocío de la noche sobre las hojas le permitirá beber algo de agua. No se preocupará por comer ni por escapar. Solo descansa y espera. Nosotros, conocemos esa actitud. Nuestro saber colectivo la ha utilizado millones de veces pero quizás el ejemplo más claro sea el dolor.
Si alguien tiene dolor, se queda quieto. Es natural que lo haga. Si se rompe un hueso, solo se unirá con reposo. No hay dr**as ni técnicas que superen o reemplacen a la quietud. Es necesario entender la quietud no solo como descanso sino como confianza absoluta en que los mecanismos reparadores del cuerpo harán su trabajo. Nadie desconfía del poder del hueso en repararse. Nadie confía del poder del órgano en curar un cáncer.
Debemos recuperar esa confianza. No poner obstáculos a los mecanismos reparadores naturales. El animal herido en la selva no lo hace. Nosotros, lo hacemos
permanentemente.
Es claro que el período de reparación puede tener obstáculos. Y es maravilloso que la medicina haya logrado superar esos obstáculos con medicamentos y cirugías. Jamás renegaremos de ellos. Pero no debe confundirse la superación de un obstáculo con la curación de una enfermedad. Cuando un intestino obstruido, es operado se salva a la persona de un grave obstáculo. Pero no se la cura. Algunas veces, esa misma cirugía, en su afán de curación, va más allá de lo que debería y crea futuros problemas. Otras veces, las masas presentes son tan grandes que operarlas es matar a la persona o dejarla con complicaciones irreversibles. Es aquí que la paciencia y la confianza deben actuar. ¿Qué sentido puede tener operar a una persona que tenga una masa alrededor del recto que
toca su columna? Allí sería más prudente manejar el dolor y esperar. Y buscar las tres llaves para lograr la superación del problema.
La gran confianza.
Es así que la confianza se convierte en un aliado fundamental en el camino que abre esta
puerta. No es la confianza en el médico ni en un medicamento. Es la confianza en la capacidad reparativa de la naturaleza que se ha puesto a prueba durante millones de años. Poner en actividad esa capacidad es parte del reposo. Pero el reposo no debe ser entendido solo como descanso. Es sobre todo, la idea de no confrontar, de no pelear ni con la enfermedad ni con la causa de la enfermedad. Esta actitud es quizás la más importante ya que se trata de una profunda aceptación de lo que pasa sin querer
cambiarlo. Es evitar crear “el conflicto que trata de solucionar el conflicto”. Una persona enferma debe usar todas sus fuerzas en curarse y no puede gastarlas intentando transformar la realidad de los otros.
Aquí aparece la dedicación. Es una actitud especial en que el ser vivo se retira de la lucha y solo se dedica a curarse. Dormirá mucho más tiempo del habitual, se alimentará en forma liviana, no generará discusiones ni desencuentros. No los aceptará. Está dedicado a curarse. Como hace cualquier animalito enfermo. Solo se queda quieto, toma agua y recibe cariño. No intenta manipular a nadie con esa actitud. Su único objetivo es
permitir la reparación del organismo. Esta puerta a la que imaginamos una vez abierta como una serie de caminos que se enlazan con los caminos de las otras puertas, debe ser comprendida y respetada. Muchas
personas creen que pueden no recorrer ese camino porque tienen aptitudes especiales que no los obligan a hacerlo. Sin embargo, todos deben entender que esas actitudes son las que ha creado la naturaleza para reparar los cuerpos exigidos más allá de su capacidad. Si se ha llegado al momento que la medicina llama enfermedad nadie puede dejar de sostenerse en esa reparación. Nadie está exento de tener que cumplir con esta obligación. Deberá retirarse de su trabajo habitual, de su rutina aprendida y de sus presiones en los vínculos. Deberá suspender compromisos y por sobre todas las cosas, deberá dejar de luchar aún para sanarse. Esta lucha por la curación, que mucha gente
confunde con la dedicación como actitud curativa, debe ser reemplazada por la mansa espera (aún en medio de los obstáculos) acompañada por la presencia del médico que lo guiará para no cometer errores.
Reposo, confianza, paciencia y dedicación son los cuatro caminos que se deben recorrer tras abrir la puerta de las actitudes para la curación.