10/04/2026
Papá…
Hoy te escribo desde un lugar que mezcla todo…
el amor, el dolor, la paz… y una gratitud inmensa.
Te fuiste en paz.
Acompañado, bendecido… sostenido.
Y eso, en medio de todo, me da una tranquilidad profunda.
Como una ironía de la vida… tu enfermedad fue en el cerebro.
Demencia vascular, atrofia…
y yo, con todo mi camino, con todo lo que aprendí,
pude poner cada herramienta, cada saber, cada parte de mí…
a tu servicio.
Y eso me deja en paz.
Estuve ahí con vos…
acompañándote, hablándote, sosteniéndote…
y también aprendiendo.
Aprendiendo a soltar,
a aceptar,
a amar sin condiciones.
Hubo momentos en los que tu mente viajaba a otros lugares…
y yo elegía ir con vos.
Sin corregirte, sin bajarte a “la realidad”…
porque entendí que lo importante no era eso…
era encontrarnos en donde vos estabas.
Y en ese encuentro… también hubo amor, también hubo risa.
Y también hubo palabras…
palabras que me voy a guardar para siempre.
En estos últimos días me dijiste cosas que me atravesaron el alma…
que yo era tu única joya en la vida…
que, habiendo conocido a muchas mujeres, yo era la que más amabas…
que era la más linda…
Y esas palabras…
papá…
se quedan conmigo para siempre.
Gracias.
Gracias por elegirme como tu hija.
Gracias por todo lo que me diste,
por lo que fuiste,
y por lo que dejaste en mí.
Gracias también a cada persona que estuvo, que acompañó, que sostuvo…
estoy rodeada de amor, y eso también es parte de tu legado.
Y gracias a Dios…
porque hoy puedo decir, con el corazón en calma,
que te fuiste en paz.
Que recibiste tu bendición…
que hubo luz, presencia…
y que ya estás en Él.
Hoy ya no estás en este plano…
pero sé, sin dudas,
que estás en Dios.
Y desde ahí…
de otra forma…
seguís conmigo.
Te amo, papá.
Siempre.