07/08/2026
El día que dejé de preguntarme si era suficiente.
Hay una pregunta que muchas personas nunca dicen en voz alta.
Pero aparece todos los días.
A veces mientras trabajan.
O cuando llegan a su casa.
O justo antes de dormir.
La pregunta es sencilla.
"¿Estoy haciendo lo suficiente?"
Con los años descubrí que, detrás de esa pregunta, suele esconderse otra mucho más dolorosa.
"¿Soy suficiente?"
Y ahí cambia todo.
Porque ya no hablamos del trabajo.
Ni de la pareja.
Ni del dinero.
Hablamos del valor que una persona cree tener.
He conocido personas extraordinarias que viven convencidas de que siempre les falta algo.
Un título más.
Un cuerpo mejor.
Más éxito.
Más reconocimiento.
Más productividad.
Como si la tranquilidad estuviera siempre un paso más adelante.
Pero hay algo que aprendí escuchando tantas historias.
La autoexigencia tiene una particularidad.
Nunca se conforma.
Cuando alcanzás una meta...
ya está señalando la siguiente.
Y así pasamos años creyendo que algún día vamos a sentir que alcanzamos.
Que, por fin, somos suficientes.
Quizás la verdadera pregunta no sea cuánto más tenemos que hacer.
Quizás sea...
¿Quién nos convenció de que teníamos que demostrar nuestro valor todo el tiempo?
Tal vez descansar también sea una forma de confiar en uno mismo.
Tal vez equivocarse también sea parte de una vida bien vivida.
Y tal vez...
solo tal vez...
nunca necesitaste ser perfecto para ser valioso.
🌿 La pregunta para hoy
¿En qué momento de tu vida sentís que sos más exigente con vos mismo?
Me gustaría leerte.
Y si sentís que vivís intentando cumplir expectativas imposibles, la terapia puede ayudarte a descubrir de dónde viene esa exigencia y cómo empezar a tratarte con la misma comprensión que ofrecés a quienes querés.
📩 Atención psicológica virtual para adolescentes y adultos.