22/01/2026
Luz llegó a mí en su tercer embarazo, con la memoria aún fresca de alguna experiencia anterior no muy linda...
Llegó con esa mezcla de ilusión y miedito que traen las mujeres que ya saben lo que es parir, pero también lo que es sentirse desoídas o tratadas como un número más...
🫂Sentí que necesitaba algo distinto: tiempo, silencio, acompañamiento y confianza.
💫 El trabajo de parto fue avanzando sin apuro, con Ricky (también Paula) acompañando, mientras ella se movía, respiraba, confiaba en el proceso y dejaba que su cuerpo hiciera exactamente lo que sabía hacer.
A su modo, sin perder la calma, casi que mirando desde afuera nadie hubiera creído que estaba por parir...
🙌🏻 No dirigí, no corregí, no interrumpí: simplemente respeté ese instinto que aparece cuando una mujer se siente segura.
Y así,con ella parada en la habitación, nació su bebita de casi cuatro kilos 🙌🏻
La recibió en sus manos y con el cordón todavía latiendo entre ellas, la llevó directo al pecho...
Todo sin intervención, y sin complicaciones 🥰
❤️ Lo que yo sentí en ese nacimiento fueron la fuerza y el poder de una mujer apropiándose de una experiencia que esta vez fue suya de principio a fin.
La alegría de haber podido trabajar de una manera tan íntima, tan libre y tan respetuosa es difícil de poner en palabras, sobre todo cuando una pareja se va sintiendo que incluso sus expectativas más cuidadosas sobre lo que podía ser un parto respetado quedaron cortas frente a lo que realmente vivieron.
Me pregunto:
A cuántas mujeres les gustaría vivir un parto así?