25/05/2026
Hoy festejamos el inicio de una revolución que sentó las bases de todo lo que somos como país. Esos hombres y mujeres pelearon para que ningún poder externo decidiera por nosotros. Lo que conquistaron fue el cimiento de todos los derechos que hoy tenemos.
Pero hay uno que todavía está en deuda: el derecho a un plato digno de comida.
Los datos de hoy, en pleno 2026, hablan solos:
→ Una familia tipo necesita $1.469.768 por mes para no ser pobre en Argentina.
→ 4,3 millones de niños, niñas y adolescentes enfrentan inseguridad alimentaria — muchos de ellos en condiciones severas.
→ Más del 70% de los niños argentinos no consume suficientes frutas y verduras, y 7 de cada 10 faltan a clases por enfermedades relacionadas con déficit nutricional.
Esto no es un problema de información nutricional. Es un problema estructural, político y social.
Como profesional de la nutrición, trabajo todos los días con personas que quieren comer mejor. Pero no puedo hablar de alimentación saludable sin nombrar lo que está pasando: hay madres y niños que hoy no tienen acceso a un plato de comida.
El 25 de Mayo me recuerda que callar también es una forma de ceder derechos.
Hoy más que nunca: defender el derecho a la vida, a la salud y a la alimentación digna no es política.
Es humanidad.