24/02/2026
A veces el cuerpo comienza con susurros.
Un dolor que se repite, una tensión en la espalda, un cansancio que no termina de irse.
Pero como vamos deprisa, no lo escuchamos. Seguimos adelante, hasta que un día nos obliga a parar.
El cuerpo no solo nos sostiene. También nos habla.
Nos muestra lo que sentimos, lo que pensamos e incluso lo que no nos atrevemos a nombrar. Lo hace sin palabras, pero con una claridad que a veces cuesta aceptar.
Una respiración que se acorta, una rigidez persistente o un insomnio que vuelve sin motivo aparente.
Todo eso son mensajes, no errores.
Por eso, tomarte unos minutos para cerrar los ojos y recorrer tu cuerpo con atención no es una pérdida de tiempo.
Es una forma de cuidado y un momento para detenerte, sentir y escuchar el mensaje.
Porque el cuerpo guarda una sabiduría silenciosa.
No necesita que lo corrijas, ni que lo entiendas por completo. Solo necesita que estés con él. Que lo escuches con presencia.
Cada dolor, cada tensión, cada señal que aparece es su manera de decirte algo que quizá tu mente aún no ha puesto en palabras.
Y todos, en algún momento, necesitamos hacer esa pausa.
No para desconectarnos del cuerpo, sino para preguntarle con calma:
¿Qué estás tratando de decirme?
Dr. Mario Alonso Puig