28/03/2026
Abrirnos a los cambios a otras formas, es ser flexible.
La flexibilidad también es una actitud, una forma de estar en el mundo, una manera de responder.
Muchas veces, sin darnos cuenta, nos volvemos rígidos con nosotros mismos. Nos exigimos demasiado, no nos permitimos fallar y nos hablamos con severidad. Esa rigidez no solo limita al cuerpo, también limita a la vida.
Y hay algo muy curioso: si lo piensas bien, probablemente no hay nadie a quien trates con tanta dureza como a ti. Ni a tu mejor amigo, ni a tu pareja, ni siquiera a alguien con quien estés enojado/a.
Por eso hoy, el primer paso es ser flexibles con nosotros mismos: soltar la autoexigencia desmedida, permitirnos descansar y equivocarnos sin castigo.
Deberíamos ser nuestros mayores aliados, nuestros mejores amigos.
Hay también otro tipo de flexibilidad, igual de importante: la flexibilidad hacia la vida misma.
Vivimos muchas veces desde la mecanicidad: diciendo que no de forma automática, actuando desde patrones fijos, defendiendo nuestra opinión como si fuera la única posible.
La flexibilidad es cultivar también esto: abrirte al quizás, al podría ser, al no lo había pensado así. Es permitirnos cambiar de perspectiva, escuchar más, insistir menos. Es tener el valor de decir “lo siento, me he equivocado” sin que eso debilite nuestra autoestima.
Decir que sí a ti, a lo que te nutre, a lo que te reta, a lo que te mueve. Decir que sí no para llenarte de compromisos, sino para abrirte a nuevas posibilidades. Para practicar el “quizás”, el “podría ser”, el “no lo había pensado así”.
"Hoy estamos a tiempo de hacerlo distinto."
NAMASTÉ 💫🙏