03/05/2026
"ME SIENTO BIEN CUANDO HAGO ALGO QUE HACE BIEN"
Ya entendí que mi propósito en la vida es hacer lo que sé hacer para que otros se sientan bien, o, mejor dicho, ser quien soy, con el mismo objetivo. Porque es ahí donde me encuentro realizado y feliz.
No necesito quererme antes de querer a los demás, sino todo lo contrario: me siento más yo que nunca, y no se me gasta la energía en dar, porque me llueve nueva.
Cuando me alejo de mi esencia, la paso mal.
Un día me hice animador de fiestas y otro día pensé: Como terapeuta puedo ser “animador de almas”. Pero desistí de usarlo porque sonaba raro. Sin embargo, no dejo de ser una especie de despertador para que rompas la cáscara, sonrías y compartas esa energía propia, única y maravillosa.
Cuando acompaño terapéuticamente a un consultante, lo ayudo a encontrar su esencia y a despegarse de mandatos, para que pueda elegir, actuar y disfrutar de lo que le gusta siendo quien realmente es. Cuando fluís por tu camino correcto, sos un torbellino de energía fresca y contagiás alegría (Te lo firmo con 40 años de experiencia).
La mente piensa mucho, cree mucho, duda mucho y suele poner peros, y ¡no está mal! Pero el alma sabe. Y cuando alma, mente y cuerpo se ponen de acuerdo... qué te puedo decir...
Lo llaman plenitud.
Es un sentimiento muy íntimo y profundo, te diría muy pequeño, pero de repente es como que te invade desde adentro y es indescriptible el momento en el que sentís que todo está bien.
No es felicidad o alegría: es plenitud, es todo.
¡Y se puede no solo encontrar, y como ya sabés donde queda, conocés el camino para volver! Y usarlo como guía.
En el primer encuentro que tenemos, tu ansiedad se calma y tu desesperanza empieza a diluirse. Algo nuevo empieza a sucederte, y no es sólo entender, es revalorizar tu historia y que deje de ser un peso. No la vas a dejar atrás, eso es imposible, pero sí la podés resignificar. Es tu aprendizaje y sin saber cómo llegaste hasta aquí, no vas a poder elegir distinto. Y a eso vamos.
Pensar te agota. Hacer te transforma.
Vamos a la experiencia real para que compruebes y sepas, no que creas, sino que experimentes bienestar y vislumbres tu capacidad para diseñar tus nuevos tiempos.
Acción, experiencia, registro de lo que sentís y aprender a detectar los puntos de bienestar. Comprender y valerte de lo que tu cuerpo muestra —un escalofrío, una lágrima, una risa o una fugaz sensación de completud que aparece, pero que, si no estás alerta, se diluye en la inercia de tu drama. Esto se entrena.
Sabiendo quién sos, de dónde venís y cuál es tu propósito, la generosidad será tu brújula, tu mente será tu aliada y tu alma se realizará.
Yo te acompaño con afecto, con risas, con emoción y abrazos. Confío en vos, festejo tus logros y te impulso. Como quien enseña a un niño a andar en bicicleta y lo sostiene, hasta que encuentres tu equilibrio.
¿Te suena muy romántico?
Te invito a una charla, sin cargo, para que nos conozcamos y vivas la experiencia.
¡No me creas! Probá.