25/06/2025
Paiche en Bolivia: el pez invasor arrasa ríos, cambia la pesca y desafía a la gastronomía local
El paiche entró a Bolivia “por accidente”. Diferentes biólogos coinciden en que fue en la década de 1970 (posiblemente, en 1976), cuando varios ejemplares escaparon de un criadero del río Madre de Dios, en Perú, de donde es nativo. Fue durante una riada y llegaron al río Beni, que recibe sus aguas y que es uno de los principales de la Amazonía boliviana.
“Para los años 2000 la especie se consolidó y, aparentemente, en 2014, cuando hubo una inundación muy fuerte en el Beni, entró al río Iténez”, dice Paul Van Damme, biólogo belga que llegó a Bolivia en 1995 y es director ejecutivo de Faunagua. La organización trabaja con pescadores en la conservación de especies como el delfín de río (Inia boliviensis), endémico de la cuenca del río Madera, cuya mayor población se encuentra en Bolivia.
Por testimonios de los pescadores, el científico también cree que pudo haber otra reintroducción desde Brasil, por la cuenca del río Iténez, en la frontera con el país vecino, donde también hay criaderos y le llaman pirarucú. A su llegada al Iténez, se adaptó fácilmente y avanzó hacia la cuenca de uno de sus tributarios, el río Paraguá. “Es un río de aguas claras, el hábitat ideal para el paiche”, dice Van Damme.
A este gigante acuático no le gustan las aguas frías ni turbias, por eso no llegó a las cabeceras de los ríos, en zonas más altas de Bolivia. En cambio, en las zonas bajas y cálidas de la cuenca amazónica, avanza a gusto. Es más, hay un registro de su presencia en la Cuenca del Plata y se han visto alevines o crías de pescado en acuarios ornamentales de Santa Cruz, la capital de la zona oriental de Bolivia, contigua a Beni, dice Lila Sainz, coordinadora del corredor Iténez-Mamoré de la organización ambiental WWF Bolivia.
“Hay un registro en Pantanal en este momento [Cuenca del Plata, Santa Cruz]. Ahí también hay ríos de aguas claras y lagunas de aguas claras. Prácticamente, ha colonizado casi el 90 % de los ríos disponibles, solo le falta la cuenca alta del río Mamoré [Puerto Villarroel - Cochabamba], porque las temperaturas son frías”, explica el biólogo Van Damme.
Un extraño en casa
Arapaima gigas no es la única especie invasora o exótica que está en Bolivia. Un estudio sobre su presencia en el país revela que habría otras ocho especies de peces, las cuales “aparentemente se adaptaron bien a las condiciones locales”.
En la zona del Altiplano, la trucha (Oncorhynchus mykiss) y el pejerrey (Odontesthes regia), por ejemplo, son consideradas especies del lugar, cuando en realidad fueron introducidas al Lago Titicaca. A ellas se les atribuye la reducción de poblaciones de especies nativas como la boga (Orestias cuvieri u Orestias pentlandii), un pequeño pez nativo de escasa presencia en su hábitat.
“Lo más preocupante de las invasiones biológicas es un proceso que se llama naturalización. Esta se da cuando la gente asume (a la especie) como si siempre hubiera sido del lugar”, afirma Guido Miranda, biólogo de la organización Wildlife Conservation Society (WCS), que trabaja con pescadores para reducir poblaciones de paiche.
En restaurantes y puestos de comida callejera de La Paz, la trucha y el pejerrey ya son presentados como parte de la culinaria tradicional del lugar. El paiche, sin embargo, todavía es visto como exótico.
Los testimonios de pescadores de la Amazonía boliviana dan cuenta de la reducción de poblaciones de peces nativos bolivianos tras la llegada del paiche. Aunque hasta la fecha no hay estudios científicos que corroboren sus observaciones, las cuencas amazónicas bolivianas presentan la mayor diversidad de peces nativos del país, especialmente en el río Madera, el Mamoré y el río Beni, según datos recogidos por Luana Costa, João Miguel Moreira, Iago Simões y Marina Méga, quienes forman parte del programa de formación en ecología cuantitativa del Instituto Serrapilheira.
Este reportaje es fruto de una colaboración precisamente impulsada por este instituto, junto con el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), para que periodistas y científicos exploren juntos cómo los daños a la biodiversidad de la Amazonía perturban los distintos servicios ambientales que esta proporciona al continente