20/09/2026
La desnutrición infantil no es solamente un niño con bajo peso. Es una alteración profunda del organismo que compromete el crecimiento, la inmunidad, el desarrollo cerebral, la fuerza muscular y la capacidad futura de aprender, jugar y desenvolverse plenamente.
El marasmo se caracteriza por una pérdida marcada de grasa y masa muscular, sin edema. En el kwashiorkor, el edema bilateral puede aumentar el peso corporal y ocultar la gravedad del deterioro nutricional. Por eso, mirar únicamente la balanza no siempre permite reconocer el problema: es necesario evaluar el crecimiento, la alimentación, los cambios físicos, el comportamiento y el contexto clínico y social de cada niño.
Estas condiciones no deben reducirse simplemente a “falta de comida” ni a una deficiencia aislada de calorías o proteínas. Son manifestaciones complejas de desnutrición aguda grave, en las que pueden confluir alimentación insuficiente, enfermedades, infecciones, dificultades para absorber nutrientes y condiciones familiares o sociales que limitan el acceso a una nutrición adecuada.
Detrás de cada diagnóstico existe un niño que necesita atención y una familia que merece orientación, acompañamiento y respeto; no señalamientos. Detectar temprano una desaceleración del crecimiento, pérdida de peso, debilidad, apatía, disminución del apetito o hinchazón en ambos pies y piernas puede cambiar el curso de su desarrollo.
La desnutrición no siempre es evidente, pero sus consecuencias pueden acompañar al niño durante toda la vida. Reconocerla oportunamente no consiste solo en recuperar peso: significa proteger el cerebro, la inmunidad, el crecimiento y las oportunidades futuras.
Alimentar es sostener la vida; evaluar el crecimiento es también defender el futuro.
Dr. Wilkin Cabrera
Pediatra Nutriólogo