03/05/2026
El viernes volví a la playa de mi infancia. Caminé bajo los mismos pinos, sentí los mismos aromas, contemplé el mismo mar. Sin darme cuenta, algunas lágrimas se me cayeron… alegría y nostalgia mezcladas, esa mezcla que no siempre tiene nombre, pero que se siente como una emoción dulce en el pecho.
A veces los problemas, sobre todo los de dinero, me conectan con la frustración y el fracaso. Me siento insuficiente, abrumada, más pequeña que el problema. Y desde ahí es difícil recibir, confiar, abrirse. Pero mientras paseaba, la vida a mi alrededor, con su belleza exuberante y viva, sin palabras me dijo: no te preocupes, todo está bien, estás aquí y yo aquí contigo.
Lo contraído se relajó. Me sentí sostenida, en calma, entera.
El problema no se terminó, pero incluso con él existiendo pude sentirme distinta: viva, con alegría, entusiasmada de continuar creando… alineada con la vida.
Cuando las preocupaciones inundan y cierran mi corazón, conectar con la naturaleza, sentirme parte de ella, volver a los paisajes que me hicieron feliz… es medicina para mí.
Esta soy yo aprendiendo a dejar entrar la abundancia y el gozo de estar viva en mí 🌿
La naturaleza me muestra el camino.
¿Te pasa a ti también?