26/05/2026
26 de mayo de 2026
Dr. Marco Vinicio Boza Hernández
Ser hombre hoy en día implica mucho más que sobrevivir o limitarse a ser un mero proveedor. Implica reaprender a vivir, reconectarse con el verdadero propósito individual (diferente en cada etapa de la vida), solidarizarse con los valores que ennoblecen y con las relaciones que enriquecen espiritualmente.
Nos educaron para avanzar solos, competir, resolver, aguantar. Pero nadie nos enseñó a cultivar la ternura sin perder fuerza, ni a construir comunidad sin que eso pusiera en duda nuestra masculinidad. Muchos hombres llegan a la madurez emocional sintiendo que algo falta, como si toda esa energía invertida no hubiese dado frutos verdaderos. Y es que nos faltó belleza, nos faltó compasión, nos faltó espacio para la vulnerabilidad.
Hoy, más que nunca, se abre la posibilidad de cambiarlo. De vivir de manera más íntegra, más humana, más verdadera. Se trata de aprender a convivir con otros seres humanos desde la cooperación, no desde el miedo ni la competencia. De reconocer que la sensibilidad no es debilidad, sino profundidad. De redescubrir que una vida bien vivida no se mide por el poder que se tiene, sino por la paz que se cultiva y el amor que se comparte.
Podemos ser constructores de una nueva forma de ser hombres: presentes, conscientes, abiertos a la belleza de lo cotidiano. Capaces de cuidar, de escuchar, de enseñar con el ejemplo. De comprometernos con comunidades donde se viva el respeto mutuo, donde florezca la compasión y donde cada uno tenga espacio para crecer sin tener que defender su identidad todo el tiempo.
No se trata de renunciar a lo que somos, sino de ampliarlo. Vivir con propósito no es perder la dirección, es volver a elegirla desde un lugar más sabio y más pleno.