19/04/2026
Motilón, Hieronima macrocarpa.
Fruto silvestre de nuestras montañas andinas, guardián del color profundo de la vida. Su morado intenso no es solo belleza: es medicina. Está cargado de antocianinas y polifenoles, esos pequeños espíritus que protegen el cuerpo, cuidan la sangre y sostienen la memoria de la tierra en cada célula.
Su textura es firme, su sabor es ancestral, y cuando lo transformamos en liofilizado, su esencia se concentra como un rezo: más potente, más puro, más cercano a lo que la montaña quiso entregarnos.
Hoy queremos compartir esta imagen que no es solo un dibujo, es una ofrenda.
Nuestra hermana Catalina Manzi, bióloga y artista del sur de Chile, nos regaló esta lámina nacida de su mirada atenta y su corazón sensible. Nos conocimos en camino, entre ceremonias y encuentros del espíritu, y hoy la vida nos vuelve a cruzar con este gesto lleno de cariño.
Desde Alto Paraíso hasta Curiñanco, su trabajo honra a las plantas como seres vivos, como maestras, como medicina.
Gracias, Catalina, por ver al motilón como nosotros lo sentimos: no como un producto, sino como un espíritu que camina con nosotros.
Compartimos esta obra con la familia, con todos los que sienten el llamado de cuidar, sembrar y recordar.
Porque rescatar un árbol… también es rescatar una forma de vivir.
https://www.instagram.com/ctmanzi?igsh=MTlpNjlrMWtmeDhrZQ==