27/05/2026
𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗜𝗔 𝘁𝗲 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗿𝘁𝗲
Hay un estudio que me quedó dando vueltas esta semana.
Diecinueve endoscopistas polacos usaron un sistema de IA para detectar pólipos de colon durante tres meses. Luego lo apagaron. Y su rendimiento no solo bajó: cayó por debajo de lo que eran antes de usar la herramienta.
No porque el sistema fallara. Porque ellos se habían acostumbrado a él.
Eso tiene nombre técnico: deskilling. La erosión de una habilidad que ya existía porque una herramienta empezó a ejercerla por ti.
Pero hay algo más preocupante que perder lo que tenías.
Es no desarrollar lo que necesitabas.
𝗟𝗮 𝘁𝗮𝘅𝗼𝗻𝗼𝗺𝗶́𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼
Dos publicaciones recientes —una en The Lancet, otra en Nature Medicine— describen tres fenómenos distintos que la IA puede generar en el médico:
🔹 Deskilling: El médico experimentado que pierde destreza por delegar en IA lo que antes hacía solo.
🔹 Mis-skilling: El médico que aprende mal porque la IA comete errores y él los acepta sin cuestionar. No aprende lo incorrecto de un libro. Lo aprende de un algoritmo que falló, y lo internaliza como verdad clínica.
🔹 Never-skilling: El más silencioso de los tres. El residente que nunca desarrolla razonamiento clínico independiente porque desde el primer día del hospital tiene una herramienta que piensa por él. No pierde una habilidad. Nunca la construye.
Este último es el que más me preocupa como formador y como auditor.
Porque el problema no aparece durante la residencia. Aparece años después, cuando el médico tiene que tomar una decisión difícil en un lugar donde la IA no llega, la red falla, o el caso simplemente no entra en ningún algoritmo conocido.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝘃𝗶𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗶𝗰𝗲 —𝘆 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗱𝗶𝗰𝗲—
Seré honesto: la evidencia directa en educación médica todavía es limitada. Los autores de Nature Medicine lo reconocen. El fundamento es sólido en teoría del aprendizaje y tiene señales empíricas de contextos no médicos, pero aún no tenemos estudios controlados en residencias.
Eso no significa que el riesgo no exista. Significa que estamos corriendo más rápido que nuestra capacidad de medirlo.
Y eso, en medicina, no es una virtud.
¿𝗤𝘂𝗲́ 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼𝗻𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮?
Un marco de tres fases que tiene mucho sentido:
Primero, competencia independiente. El médico —especialmente el que se forma— debe poder razonar solo antes de apoyarse en IA.
Luego, calibración crítica: aprender a evaluar cuándo la herramienta acierta y cuándo se equivoca.
Finalmente, integración supervisada de IA en la práctica formativa.
No es antiIA. Es lo contrario: es tomarse la IA lo suficientemente en serio como para no introducirla de cualquier manera.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗽𝗿𝗲𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮 𝗮𝗾𝘂𝗶́
En Ecuador —y en buena parte de Latinoamérica— adoptamos tecnología en salud sin los marcos pedagógicos que la sostengan. Lo hacemos con entusiasmo, con buenas intenciones y, con frecuencia, sin preguntarnos qué estamos cambiando en el proceso de formación cuando lo hacemos.
No es un problema de la IA. Es un problema de cómo la integramos.
Una herramienta extraordinaria, introducida en el momento equivocado del aprendizaje, puede construir un médico que funciona bien cuando el sistema funciona bien.
El problema es que los sistemas de salud, por definición, no siempre funcionan bien!
Y ese día, lo que necesitas no es un algoritmo.
Necesitas un médico que sepa pensar.
La evidencia no sirve para tener razón. Sirve para cuidar mejor.
📚 Fuentes:
— Berzin TM, Topol EJ. Preserving clinical skills in the age of AI assistance. The Lancet, Vol 406, octubre 2025.
— Ke Y et al. AI-induced never-skilling in medical education. Nature Medicine, publicado en línea mayo 2026. DOI: 10.1038/s41591-026-04438-y