15/09/2026
Hace unos días hablaba con una amiga —casi una hermana para mí— sobre algo que las dos conocemos bien: esa sensación de estar eligiendo entre cosas que importan, sin saber muy bien si lo estamos haciendo "bien". Coincidimos, entre otras cosas, en ser madres, y esa conversación se quedó desde aquel día dando vueltas en mi cabeza. Así que hoy quiero ponerla en palabras. Si te resuena, te abrazo desde aquí.
Hay decisiones que no se vuelven fáciles solo porque tengamos claro lo que queremos.
A veces sabemos que queremos cuidar de nuestra familia, crecer profesionalmente, sentir estabilidad, sentirnos útiles, tener tiempo para respirar o recuperar una parte de nosotras que quedó en pausa (quizás más tiempo del que nos gustaría). Y el problema no es no saber qué queremos, sino que, en ciertos momentos, no todo puede recibir la misma atención a la vez.
Ahí es donde aparecen las dudas y miedos, esas que a veces nos quitan el sueño: ¿estoy haciendo lo correcto? ¿debería aceptar esto? ¿estoy renunciando a demasiado? ¿es esto lo que merezco?
Desde ACT no necesitamos encontrar la respuesta perfecta para poder avanzar. Podemos reconocer, con honestidad, que estamos eligiendo entre cosas que de verdad nos importan; aceptar que, seguramente, cualquier camino tendrá un coste; y permitirnos seguir revisando la ruta cuando la vida (que rara vez nos avisa) cambie de nuevo.
No siempre se trata de elegir entre una opción buena y otra mala. Puede que no haya opción mala. O que creas que no hay opción buena.
A veces se trata, simplemente, de decidir qué cuidamos ahora, qué posponemos un poco, y qué no queremos perder de vista pase lo que pase.
Y elegir así no es rendirse.
También hay valentía en mirar de frente un dilema, en reconocer que duele precisamente porque importa, y en tomar una decisión desde la realidad que tenemos hoy, no desde la que nos gustaría tener.
No tienes que demostrarle a nadie que puedes con todo a la vez.
Y si alguna vez dudas de si lo estás haciendo bien... yo ya sé la respuesta. Te quiero, mimita🌻