31/08/2026
Vacaciones que se acaban.
De fondo, las malas noticias.
Desastres naturales y humanos.
Ese mundo que no se detiene
aunque nosotras hagamos una pausa.
Y, en primer plano…
Noches de verbenas.
Encuentros inolvidables con amigas y amigos.
Y otros… bastante olvidables,
con quienes quizá no sean tan amigas.
Bailes y risas.
Piscina y lecturas.
Por encima, un cielo inmenso
y la magia de la naturaleza.
Un eclipse hipnótico.
Por debajo, una tierra seca,
amarilla, árida.
Tierra castellana.
Noches de serenidad.
Olor a Ribera.
Paseos tranquilos.
Confidencias y charlas de esas
en las que pasa el tiempo
y ni te enteras.
Familia.
Tiempo de privilegio con mi madre.
Un nuevo bebé "de Lara" en la familia
Mucha creatividad
Y un Alter Ego que me apoya
Y un año más cumplido.
Y, en medio de todo,
un ser de cuatro patas que se cruza en mi camino.
Un buen piratilla.
Que me trae disfrute,
desasosiego por encontrarle un buen hogar,
ternura y diversión.
Amigas con las que compartir su ternura,
el desasosiego y sus alegrías.
Encuentros con personas que también vibran con los animales
y hacen posible que sus cuidados sean más fáciles.
Y, finalmente,
la tranquilidad de encontrarle una familia encantadora,
de esas que le quieren y le miman.
Y también el momento del desapego.
Aprender a disfrutar, cuidar
y después saber soltar.
Porque también de eso estuvieron hechas estas vacaciones:
de cuidar,
de compartir,
de preocuparme,
de confiar
y de dejarme sorprender por la bondad.
Tiempo de volver a los orígenes.
De conectar con lo esencial.
De desconectar de lo cotidiano.
Porque para volver a conectar,
a veces necesitamos desconectar.
Soltar lo cotidiano,
liberar espacio
y dejar sitio a lo que está por venir.”
De recordar que, a veces,
para volver a nosotras mismas
solo necesitamos parar,
mirar alrededor
y estar presentes.
Y ahora…
las pilas cargadas.
Y las expectativas de un nuevo curso,
como quien abre un libro nuevo,
con muchas páginas todavía por escribir.
Y tu verano ¿de que se ha llenado?