16/08/2026
Porque hacer terapia no significa que tenga que parecerse a lo que imaginamos cuando pensamos en una consulta de psicología.
No siempre necesitamos estar sentados frente a frente, hablando durante una hora. A veces necesitamos movernos, jugar, caminar, salir o simplemente compartir un espacio con un perro. La terapia no tiene por qué empezar con un «cuéntame qué te pasa».
A veces empieza jugando. O hablando mientras hacemos otra cosa. O haciendo que el cuerpo se relaje lo suficiente como para poder narrar aquello que cuesta.
No se trata de hacer que la terapia sea más divertida ni de convertirla en algo que no es. Se trata de entender que cada persona necesita una manera diferente de llegar a aquello que le pasa.
Por eso nuestro centro puede parecer, a veces, una sala de juegos, un jardín, un suelo lleno de pelos o un espacio donde un perro está tumbado mientras hablamos.
Porque el objetivo principal aquí es que la persona pueda sentirse lo suficientemente cómoda como para hacer terapia.