13/05/2026
🫀La semana pasada tuve una conversación muy bonita con una practicante de mis clases de Yin, cuyo eco aún sigue vibrando en mí y que hoy te comparto de manera resumida.
En qué momento nos robaron esa inocencia de cuando éramos niñas.
Nos vamos haciendo mayores y de repente todo se vuelve serio y rígido, y el deber ser se apodera de nosotras.
Queremos tenerlo todo previsto, planificado, optimizar, ser productivas y en todo eso nuestra niña interna se ahoga y se pierde.
Ya no hay juego, ya no hay curiosidad, ni ganas de explorar porque estamos agotadas.
Desconectadas de nuestro cuerpo y nuestras necesidades.
No podemos dejar esto para el hueco libre que sobre en nuestra agenda, si es que tenemos la fortuna de que tal hueco exista.
¿Dónde está el espacio para el descanso de calidad?
¿Dónde está el espacio para el juego?
Reivindicamos la capacidad de sorprendernos de las cosas cotidianas del día a día,
de lo sencillo, de lo sútil.
Disfrutar cada cosa que hacemos.
Reivindicamos recuperar aquellas cosas que nos hacen vibrar el corazón.
Reivindicamos el poder de reír a carcajadas hasta que duela la barriga y el tiempo desaparezca.
Porque está muy bien el autoconocimiento y la espiritualidad y todo eso…
pero si nos empezamos por lo básico, y por básico me refiero a importante y vital, no fácil, de nuestra humanidad…
¿Cómo vamos a avanzar hacia dimensiones más profundas?
Con cariño,
Julia🤍