29/08/2026
LIPEDEMA Y OBESIDAD: DIFERENTES, PERO NO INDEPENDIENTES
🔶Durante años se han planteado principalmente como diagnósticos diferenciales. Sin embargo, una nueva revisión publicada en Adipocyte analiza cómo ambas enfermedades pueden coexistir y, en determinadas pacientes, agravar mutuamente su repercusión clínica.
🔶La obesidad puede modificar la estructura y el funcionamiento de los vasos linfáticos, disminuir su contractilidad y aumentar su permeabilidad. A su vez, la disfunción linfática puede favorecer la acumulación de líquido intersticial, la expansión del tejido adiposo, la infiltración inmunitaria y la fibrosis.
🔶Se plantea así un posible círculo de amplificación entre tejido adiposo, inflamación y sistema linfático.
Es importante interpretar estos datos con rigor. Se trata de una revisión narrativa, sin revisión sistemática ni evaluación formal del riesgo de sesgo. Además, muchos de los mecanismos descritos proceden de evidencia observacional y experimental: todavía no se conoce con certeza la secuencia causal de estas alteraciones.
🔶Su principal aportación es reforzar una idea clínica fundamental:
El lipedema no debe reducirse a una consecuencia de la obesidad, pero diagnosticar lipedema tampoco significa ignorar la composición corporal, la salud metabólica, la movilidad o el riesgo cardiovascular.
🔶Reducir la adiposidad general puede mejorar la sobrecarga mecánica, la movilidad, la salud metabólica y algunos mecanismos inflamatorios o linfáticos. Sin embargo, no garantiza que desaparezcan la desproporción, el dolor o las alteraciones tisulares propias del lipedema.
🔶Necesitamos una valoración amplia, individualizada y sin estigma, capaz de reconocer qué corresponde a cada enfermedad y cómo interactúan ambas en cada paciente.
Diferenciar no significa separar.
Significa comprender mejor para tratar mejor.
Referencia: Scherkamp D et al. Adipocyte. Publicado online el 20 de agosto de 2026. DOI: 10.1080/21623945.2026.2719267.
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