22/07/2026
EL AMOR AL DESTINO
Pensamientos divinos, pp. 216-217 Bert Hellinger.
" El encuentro con el destino se produce con toda persona con la que nos relacionamos. Cada uno se convierte en nuestro destino, y nosotros en el suyo. El amor al destino significa pues amar tanto al destino que se cruza conmigo en el otro, enriqueciéndome, desafiándome y gol-peándome, como a aquel destino que enriquece, desafía y a menudo golpea al otro a través de mí. Así, todo encuentro con otra persona es más que el encuentro entre ella y yo. Es un en-cuentro entre dos destinos que actúan detrás de él y de mí: aportando felicidad o dolor, al servicio del crecimiento o la limitación, dando vida o quitándola.
El amor al destino es, por tanto, el amor último, que exige, da y toma lo último. En él, nos crecemos.
¿Qué significa esto en concreto?
Cuando alguien, desde mi punto de vista, tiene malas intenciones conmigo y me hace una maldad, mi primera reacción es devolverle la maldad y desquitarme o vengarme. Si, en cam-bio, contemplo al otro como un ser entregado a su destino y reconozco que, a través de él, ese destino se convierte también en el mío, ya no afronto al otro sólo como persona; afronto al destino…y lo amo. En ese momento, me doblego ante un poder cargado de destino, me dejo tocar por él, me limpio de fruslerías y permanezco en el amor.
A la inversa, si me convierto en el destino del otro de una manera que le duele, limita y obliga a despedirse y separarse de algo, resisto a la sensación de culpabilidad, en el sentimiento de que no actúo por interés o mala fe sino porque estoy a merced del destino, el suyo y el mío. Debo amar también ese destino tal como es, convirtiéndome en un ser puro y de igual fuerza.
Quien de esa manera ama el destino, el propio y el ajeno, que se asimilan uno a otro, está en sintonía con todo tal como es. Está integrado a la vez que atento. Su amor tiene grandeza y fuerza porque es amor al destino."
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