12/03/2026
El 𝗲𝗻𝗿𝗶𝗾𝘂𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹 no es únicamente una estrategia de estimulación o entretenimiento para el perro. En etología aplicada constituye una 𝗵𝗲𝗿𝗿𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝘃𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹, 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘆 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗯𝗶𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹.
Cuando el entorno limita la expresión de comportamientos propios de la especie (explorar, investigar, masticar, olfatear, interactuar o regular su descanso), el organismo puede entrar en una situación de 𝗳𝗿𝘂𝘀𝘁𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗺𝗼𝘁𝗶𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘆 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗷𝘂𝘀𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹. Este fenómeno ha sido ampliamente descrito en la literatura científica sobre bienestar animal, donde se observa que la restricción de conductas naturales aumenta la probabilidad de aparición de comportamientos anómalos o desadaptativos (Newberry, 1995).
Desde la biología del comportamiento sabemos que 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮𝘀 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗰𝘂𝗺𝗽𝗹𝗲 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗱𝗼𝗿𝗮𝘀 𝗲𝘀𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗹𝗶𝗯𝗿𝗶𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹. La exploración, la manipulación de objetos o la interacción social forman parte del repertorio comportamental normal de los perros y permiten mantener un estado adaptativo frente a las demandas del entorno (Young, 2003).
En el caso específico del perro doméstico, diferentes investigaciones han demostrado que la introducción de estrategias de enriquecimiento ambiental 𝗶𝗻𝗰𝗿𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝗳𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗷𝗮𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮𝘀 𝗮𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗮𝗹 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲́𝘀 𝘆 𝗮 𝗹𝗮 𝗵𝗶𝗽𝗲𝗿𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮, lo que sugiere una mejora directa en indicadores conductuales de bienestar (Hunt et al., 2022).
Además, el enriquecimiento ambiental ha mostrado efectos positivos en diferentes contextos de alojamiento canino, 𝗳𝗮𝘃𝗼𝗿𝗲𝗰𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝗶𝗲 𝘆 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗶𝗻𝗱𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗮𝗻𝘀𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱 𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲́𝘀 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 (Wells, 2004).
Por este motivo, antes de intervenir directamente sobre una conducta problemática mediante entrenamiento o modificación conductual, la pregunta clave en etología clínica suele ser otra:
𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗮𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗺𝗼𝘀 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮, 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮 𝗰𝗹𝗮𝘃𝗲 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲́ 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝗲𝗹 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝘀𝗶 𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼 𝗹𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝗶𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀.
¿𝗘𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗲𝘅𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲 𝘀𝘂 𝗿𝗲𝗽𝗲𝗿𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹?
Si la respuesta es no, cualquier intervención comportamental quedará incompleta. El enriquecimiento ambiental permite 𝗿𝗲𝘀𝘁𝗮𝘂𝗿𝗮𝗿 𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘆 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗶𝗿 𝗹𝗮 𝗮𝗽𝗮𝗿𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗶𝘀𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀.
No se trata simplemente de añadir estímulos al entorno, sino de 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗲𝗰𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗺𝗶́𝗻𝗶𝗺𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗲𝗻 𝗮𝗹 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝗶𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀.
Newberry, R. C. (1995). Environmental enrichment: Increasing the biological relevance of captive environments. Applied Animal Behaviour Science, 44(2–4), 229-243.
DOI: 10.1016/0168-1591(95)00616-Z
Young, R. J. (2003). Environmental Enrichment for Captive Animals. Blackwell Science.
DOI: 10.1002/9780470751047
Wells, D. L. (2004). A review of environmental enrichment for kenneled dogs, Canis familiaris. Applied Animal Behaviour Science, 85(3-4), 307-317.
DOI: 10.1016/j.applanim.2003.11.005
Hunt, R. L., et al. (2022). Effects of environmental enrichment on dog behaviour. Animals.
DOI: 10.3390/ani12020168