13/10/2026
Entender qué era el masking me costó. Reconocer cuándo lo estaba haciendo me costó todavía más.
Cuando recibí el diagnóstico de autismo, tuve que aprender a identificarlo en mí. Una sensación corporal concreta me ayuda a darme cuenta: esa es mi señal, no necesariamente la de otra persona.
Dejar de forzarme me permite mostrarme más como soy, sentirme mejor conmigo y agotarme menos. Le guste a quien le guste y le pese a quien le pese.
Las relaciones también pueden cambiar. Algunas personas se alejan; otras veces, soy yo quien toma distancia. Quiero relaciones en las que no tenga que ocultarme para encajar.
Y hay una diferencia importante: no todo ajuste es masking. Adaptarme a una situación no es necesariamente lo mismo que forzar una sonrisa porque es lo que esperan de mí. Que algo sea puntual no basta para distinguirlo: también importa qué estoy forzando u ocultando.
Esta es mi experiencia. No una receta para todas las personas autistas.
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