10/05/2026
𝗔𝗰𝘂𝗽𝘂𝗻𝘁𝘂𝗿𝗮: 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗺𝗼𝗻𝘁𝗮 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗲𝗷𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼
Durante años, la acupuntura ha vivido atrapada en una paradoja difícil de entender. Por un lado, millones de personas en todo el mundo recurren a ella para aliviar dolores, dormir mejor o sobrellevar otros tratamientos médicos. Por otro, una parte del debate público sigue empeñada en despacharla con una etiqueta cómoda: “pseudociencia”.
Acupuntura
¿Dónde está el fallo? No en la falta de estudios, sino en la falta de información honesta
La acupuntura es una técnica natural, con base anatómica y fisiológica, que utiliza agujas finas en puntos muy concretos del cuerpo para provocar respuestas biológicas reales, sobre todo a través del sistema nervioso. Así lo asegura una amplia revisión científica publicada en 2018 por médicos, investigadores y profesores universitarios españoles, que analizaron la mejor evidencia disponible hasta ese momento.
Uno de los prejuicios más extendidos es pensar que la acupuntura “no se puede estudiar”. Lleva más de 60 años siendo investigada con las mismas herramientas que se usan en cualquier otra área de la medicina: resonancia magnética funcional, PET, estudios electrofisiológicos o biología molecular. Hoy sabemos que la acupuntura funciona como una forma sofisticada de neuromodulación, capaz de influir en cómo el cerebro procesa el dolor, cómo se liberan ciertos neurotransmisores o cómo se activan sistemas propios del organismo, como los opioides endógenos.
Dicho de forma sencilla: el cuerpo responde. Y no de manera subjetiva o difusa, sino de forma medible y observable.
Los números ayudan a poner las cosas en su sitio. Actualmente existen más de 29.000 artículos científicos sobre acupuntura indexados en PubMed, entre ellos casi 5.000 ensayos clínicos y más de 500 metaanálisis. No estamos hablando de creencias personales, sino de estudios evaluados con los mismos criterios que cualquier otro tratamiento médico. Además, la calidad metodológica ha ido mejorando con estándares internacionales como CONSORT y STRICTA, lo que refuerza la solidez de los resultados.
La evidencia más sólida se encuentra en el tratamiento del dolor, tanto agudo como crónico. Problemas muy comunes como lumbalgia, cervicalgia, artrosis de rodilla, dolor de hombro, cefaleas tensionales o migrañas, han mostrado mejoras claras frente a placebo, lista de espera o tratamientos habituales. Los beneficios no solo aparecen rápido, sino que se mantienen en el tiempo.
Los estudios también recogen efectos positivos en rinitis alérgica, náuseas y vómitos (incluidos los asociados a quimioterapia o embarazo), insomnio, ansiedad, síntomas depresivos y en efectos secundarios del cáncer, como la fatiga o el dolor neuropático.
La seguridad es otro punto clave. Cuando la realiza un profesional cualificado, la acupuntura presenta un perfil de riesgo muy bajo. Los efectos adversos descritos suelen ser leves y pasajeros: una pequeña molestia, un hematoma, algo de dolor local. Su balance riesgo-beneficio resulta claramente favorable.