11/05/2026
🔄🧠 Plasticidad direccional: El sistema nervioso se adapta… incluso al dolor.
Muchas veces relacionamos a la neuroplasticidad como un fenómeno positivo (¡realmente lo es!) que nos ayuda a la recuperación física, en este caso del dolor. Pero... no siempre la neuroplasticidad es sinónimo de recuperación, incluso puede ser la principal barrera que nos encontramos a la hora de trabajar con una persona que experimenta dolor crónico.
Me explico mejor.
El sistema cambia constantemente en función de las demandas a las que está expuesto. Sean estas “positivas” o “negativas”, haciendo que el sistema se adapte de la manera más eficiente que pueda. Por ejemplo, en el dolor crónico, muchas de esas adaptaciones están orientadas a que el sistema sea más eficiente en la transmisión nociceptiva o en la percepción de amenazas en el medio ambiente.
En este contexto se produce algo que se conoce como carga alostática, donde el estrés sostenido, la inflamación y las fases de agotamiento de los sistemas no solo acompañan al dolor, sino que pueden formar parte de los procesos de cronificación del mismo. Cambios en la organización de las redes, en la regulación del sistema y en la forma en que se integra la información pueden sostener el dolor incluso en ausencia de daño evidente.
Pero ¡hay algo bueno en todo esto! Es que esta misma capacidad de adaptación también permite que podamos cambiar y organizarnos de nuevas formas, incluso más eficientes y saludables para la persona.
El movimiento, la mejora de la capacidad física y de la flexibilidad metabólica no actúan como “tratamientos aislados”,
sino como moduladores del contexto en el que el sistema se adapta.
Y eso cambia la dirección de la plasticidad.
Tal vez la pregunta no sea si la neuroplasticidad es buena o mala, sino hacia dónde está adaptándose el sistema esa persona.