20/05/2026
Shavuot es el aniversario del fallecimiento del rey David
No es casualidad que Shavuot, el aniversario de la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, sea el iortzait del rey David. En Shavuot, el pueblo judío recibió su misión nacional de ser una luz para las naciones. El rey David nos enseña sobre nuestra misión única en el mundo como individuos.
David, el hijo menor de Ishai, desde muy joven fue enviado a cuidar las ovejas y lo obligaron a sentarse en una mesa separada por la vergüenza de su familia respecto a su aparentemente cuestionable linaje. Tras ser ungido en secreto como nuevo rey de Israel por el profeta Shmuel, David reveló ser más que un pastor que tocaba el arpa y un poeta, cuando valientemente se enfrentó al gigante Goliat, de tres metros de altura, derrotándolo con unas pocas piedras y una honda. Después de casarse con Mijal, la hija del rey Shaúl, pasó años siendo perseguido por su suegro, quien por celos intentó matarlo en varias ocasiones. David respondió con compasión y amor, confianza y devoción a su Creador, a quien sabía que dirigía los caminos del mundo. Perdió un hijo al nacer, uno de sus hijos violó a su hija, y otro hijo intentó matarlo y destronarlo.
A través de todo eso siguió siendo nuestro héroe, luchó y ganó muchas batallas en nombre de Israel e hizo que su hijo Shlomó construyera el Templo de Jerusalem. "Pero la profundidad y el corazón de David se revelan sobre todo en su poesía convertida en plegaria, llamada Salmos."
En los Salmos, el rey David conmueve por la intensidad de su experiencia de vida, por su honestidad, su franqueza, su crudeza y valentía para exponer sus debilidades y temores. Por su humildad y su anhelo de acercarse a su Creador en los momentos de luz y de oscuridad. No se avergonzaba de ser él mismo. No ocultaba sus sentimientos. Se exponía y luego lo devolvía todo a Dios. Nada de lo que sentía o vivía era desperdiciado. Todo lo utilizaba para reconectarse. Todo lo santificaba a través de sus acciones.
Sabías que cantaba increíble?? Está escrito que la puerta más alta de la profecía es a través del canto, entonado con intenciones puras.
"Las dificultades de la vida no son interrupciones. Son lo que necesitamos para componer nuestra canción."
Cada uno tiene una canción única que yace en lo profundo de nuestra alma. Es la clase de música más pura que surge de quienes realmente somos, en toda nuestra esplendorosa belleza, aquella que nos revela por completo, con imperfecciones y todo.
Cada experiencia de angustia es una nota que tejemos para formar una canción que nadie más puede cantar.
Cuando enfrentamos un desafío en la vida y sufrimos, algunos lo ven como una interrupción, como un bache. Pero esas dificultades no son distracciones. Son precisamente lo que nos forma. Los dolores y las partes incómodas de nuestra historia ayudan a moldear nuestra personalidad y carácter únicos. Los momentos de angustia crean los picos, las caídas y los puntos de vista especiales que tenemos; crean los bemoles, los sostenidos y las octavas de nuestra canción. Cada experiencia de angustia es una nota que tejemos para formar una canción que nadie más puede cantar. Y cuando devolvemos esa canción a Dios en la plegaria, tal como lo hizo el rey David, cumplimos el propósito espiritual del sufrimiento que se nos dio.
Esto fue parte de la grandeza del rey David y la lección que nos enseña a cada uno de nosotros.
El sufrimiento, el dolor y la turbulencia no son tiempos de intermedio en nuestra vida. Son los que crean nuestras complejidades, vacíos, matices y giros por una razón. Cuando somos honestos con nuestro dolor y nuestras carencias, y nos permitimos reír, llorar o gritar como medio para acercarnos a nuestro Creador, eso también forma parte de nuestro coro. Es parte de nuestra canción que nadie más puede cantar. Podemos transformar la oscuridad en chispas de luz. Cuando convertimos el dolor en un vehículo de conexión con el Todopoderoso, damos sentido al sufrimiento y lo hacemos sagrado. Dios no hace eso; esa elección está en nuestro dominio.
El rey David se convirtió en el rey David no a pesar de su vida difícil, sino gracias a ella. ¿Puedes imaginar si hubiera tenido una vida normal, estable y equilibrada, llena de todo lo que quería y sin luchas? No se habría convertido en el rey David. No tendríamos escritos los salmos que abren las puertas del cielo. No se habría convertido en héroe espiritual.
El mundo es nuestra aula. Enfrentamos las pruebas que se nos dan para superar una debilidad y escribir nuevas estrofas de la canción de nuestra vida. Y podemos confiar en Dios para Su ayuda y guía.
¿Habrías elegido tus experiencias dolorosas si te preguntara? No lo creo. Pero, ¿quién elige realmente algo? Cuando dejamos de luchar contra el por qué tenemos ciertas circunstancias en la vida y aceptamos con CERTEZA el plan Divino, abrazando lo que sí tenemos y lo que estamos aquí para hacer, es entonces cuando finalmente podemos utilizar todas las notas bellas, incómodas y aparentemente desafinadas que poseemos para componer la canción especial que solo nuestra alma puede cantar.
Más fácil decirlo que hacerlo, lo sé. Y ese es el vedadero reto!