16/06/2026
Pensaron que porque ayudábamos, podían aprovecharse. Que porque callábamos, podían faltar al respeto. Que porque perdonábamos, podían repetir los mismos errores una y otra vez. Pero la amabilidad no es falta de inteligencia. La paciencia no es ingenuidad. Y el respeto no es sumisión.
Ser una buena persona no significa permitir cualquier cosa. Llega un momento en que uno aprende a poner límites, a alejarse de lo que lastima y a entender que cuidar de sí mismo también es una forma de amor propio.
Porque una persona amable puede soportar mucho, pero cuando comprende su valor, deja de aceptar aquello que no merece. Y entonces los demás descubren que nunca fue boba... simplemente eligió actuar con bondad.