29/01/2026
31/ oct/ 2025.
El nacimiento de Marcelo fue muy especial, además de que ocurrió en una fecha muy particular.
Cuando iniciamos las citas, estábamos preparándonos para un PV; realmente, aunque desde el inicio la mamá tiene claro cómo quiere parir, siempre también hay que prepararnos para la cesárea, no para conocer el proceso rutinario y estar destinados a ello, sino para enmarcar todo aquello que hace que el nacimiento se vuelva sano emocional y físicamente para el bebé y la mamá; es decir, buscar humanizar la cesárea.
Después de nuestra última sesión prenatal, esperamos a la semana de FPP para hacer masaje prenatal con rebozos, y el 17 de octubre lo hicimos. Gaby fue acompañada por su mamá y su hermana, y al finalizar hicimos una linda dinámica donde le daban mucho ánimo a Gaby.
Pasaron los días y, con ellos, sus últimas citas con su gine. Bebé Marcelo siempre fue muy diligente y, con la ayuda de mamá, se puso solito de forma cefálica, y con ejercicios le ayudamos a que hiperflexionara y estuviera en una presentación más ideal. Todo estaba conforme a lo esperado.
El 27 de octubre, Gaby me escribe: estuvieron en cita y empezábamos a querer tener orden. Marcelo estaba en su semana 41 y Gaby empezaba a sentir más cansancio, aunado a que las contracciones de Braxton eran más constantes, pero aún no de pródromos. Duramos un largo rato por llamada; tenían dudas e inquietudes de las opciones posibles y yo me encargaba de darles claridad. Les pedí que hicieran un tipo de ejercicio con más dificultad que podía ayudarnos. Quedamos en seguir esperando a que todo se fuera dando solito; aún estábamos en fase de pródromos, normal y esperado, no había prisa.
El día 28 de octubre, Gaby empezaba a sentir y ver pequeños cambios, pero muy valiosos: tapón mucoso, más incomodidad, pero aún sin contracciones rítmicas, y súper aplicados haciendo inversiones. Los signos de las contracciones eran más perceptibles.
Para el día 29 por la mañana, Gaby había tenido una noche tranquila; su cuerpo le estaba permitiendo procesar con calma la intensidad que venía. Planeaba salir a caminar durante el día, a despejar la mente y a darle otro mensaje al cuerpo. Yo le recordaba que todo estaba siendo parte del proceso y que la tranquilidad y el espacio íntimo podrían ser una buena opción, y sobre todo que tuviera claro que Marcelo estaba haciendo todo conforme lo necesitaba. Unos días antes había decidido, en consulta con su gine, hacer la maniobra de Hamilton; por lo tanto, era más común que Gaby observara flujos ligeros de sangre.
Gaby fue muy linda, porque todo me lo iba diciendo en el momento; me hacía saber que la práctica cambiaba toda la teoría y que precisamente acompañar como doula el momento del trabajo de parto no es solo ir a tomar la mano y dar un cómodo masaje, sino mucho más allá: es poder ser una opción segura y de confianza para que las parejas puedan seguir tomando decisiones seguras y en calma.
Ya siendo 30 de octubre, empezábamos por la tarde a ver que las contracciones querían tomar regularidad. Diego, su esposo, escribía que notaba que se sentían fuertes, pero manejables. Aun así, Gaby estaba empezando a acumular cansancio y era totalmente entendible. Yo le pedía que comiera, que se hidratara e intentara descansar. En este punto era Diego quien mantenía la comunicación conmigo; Gaby también llegaba a abrumarse con el cansancio y el dolor, que ya había aprendido a manejar y lo hacía muy bien, centrándose en ella. Marcelo seguía moviéndose activamente; él hacía lo que le tocaba.
Siendo aproximadamente las 6 p. m., Gaby tenía aún más sensación de dolor, y el baño con agüita caliente parecía una buena opción en casa. Así transcurrían las horas. Gaby, que ama ser masajeada y sobre todo por su esposo, empezaba a necesitar más contención con presión.
Eran las 10 de la noche; nos “despedíamos” para descansar y ver cómo se iba dando la noche. Ya no faltaba tanto, pero aún necesitábamos más ritmo y frecuencia en las contracciones, así que estar en casa seguía siendo la mejor opción.
Para las 12 de la noche aumentaba la sensación y, aunado al cansancio, Gaby estaba muy sensible; su cuerpo necesitaba descanso y ya no era tan fácil obtenerlo. Ella naturalmente empezaba a inquietarse y buscar la opción de, en el hospital, hacer uso de algún analgésico. Yo ya estaba saliendo para con ellos; sin embargo, en la revisión en el hospital el registro nos dejaba claro lo que veíamos: contracciones muy duraderas, pero aún sin frecuencia, y ellos, dejándose también guiar por su gine, decidían ir de nuevo a casa. No era viable para un parto vertical y fisiológico poner algún analgésico aún.
En la llamada, mientras yo estaba estacionada en un Oxxo esperando actuar según las decisiones que ellos tomaran, parecía el último estirón de paciencia. Entre confusión, Gaby se mantenía muy valiente y resiliente, también en esos momentos de frustración y avistamiento.
A las 5:20 a. m., Diego y Gaby decidían que era tiempo de parar. Gaby estaba muy cansada y agotada, y aunque sabían que ella podía seguir, Diego, siendo su soporte incondicional y como todo papá y esposo queriendo cuidar y proteger, apoyaba su decisión. Ella nos hacía saber que esto empezaba a sufrirlo más que a gozarlo y disfrutar el proceso con todo lo que implica, y ahí es donde el parto y el nacimiento respetado también se definen. No solo se trata de la vía de nacimiento, sino del camino que la mamá vive para recibir a su bebé, de que ella en plenitud y totalidad se entregue al proceso fisiológico y también lo disfrute, aun con sus amarguras. Y, por supuesto, íbamos a seguir apoyando y cuidando a Gaby.
Ya en el hospital, como a las 6:30 a. m., justo cuando su gine la revisaba, Marcelo rompía la fuente de manera muy inesperada. Tenía 2 cm de dilatación y, aunque Gaby sabía que podíamos continuar y esperar, su decisión estaba tomada. Quizá era cuestión de horas más, sumadas a las que ya tenía de los días pasados. No todas las mujeres quieren esperar más y no está mal; tan fundamental es conocer sus opciones como que sus decisiones no sean tomadas bajo ninguna presión. Nacer por cesárea y elegir esta opción no es lo más fácil; muchas veces viene cargada de temores, pero en el momento parece ser lo más conveniente. En este momento tan frágil también importa lo que la madre siente, vive y piensa.
La forma de nacer no cambia el amor con el que un hijo se espera, y vaya que Marcelo estaba siendo súper, súper esperado. En la sala de espera ya estaban sus abuelos y sus tíos, y luego en la habitación había muchas personas anhelando ya verlo.
Marcelo nació por una cesárea respetada a las 8:27 a. m. del día 31 de octubre; esta cesárea lleva consigo cuatro días de pródromos, un flujo hermosamente perfecto de oxitocina y una ruptura de membranas que permitió que al instante Gaby tuviera el calostro necesario, y hasta más, para Marcelo: apego inmediato, apego con papá y alojamiento conjunto que permitió establecer el alimento del seno de mamá.
Gracias, Gaby y Diego, por la oportunidad de prepararlos y de acompañarlos, no en la opción que deseábamos, pero sí en la que también nos preparamos. Porque, como siempre les digo, siempre hay que hablar del nacimiento por cesárea, detallarlo y explicarlo, porque siempre es una opción más: a veces la primera, a veces la última, pero también se puede nacer de manera digna, respetada, en amor y llena de oxitocina.