13/09/2026
El viernes pasado terminó el proceso psicológico de una adolescente.
En el cierre hicimos un recorrido por su transformación, que “aparentemente” solo le pertenece a ella, pero en realidad también implica cambios en todo el sistema que se compromete con el proceso.
La dinámica familiar apoya y se transforma.
El compromiso es un ingrediente fundamental.
La escucha abierta es esencial.
El miedo siempre acompaña.
Y la confianza en el terapeuta es indispensable.
Los resultados fueron favorables y satisfactorios para ella y para su mamá; y, claro, también para mí.
Porque durante el proceso también hubo desesperanza, enojo, cansancio e inconvenientes que fueron apareciendo en el camino y que, poco a poco, se fueron resolviendo.
Después de un año de proceso, se logró más que el objetivo inicial.
Es difícil sostener un proceso terapéutico: económicamente, con el tiempo, con las situaciones del día a día y con todo lo que implica. Pero cuando la prioridad es cuidar a tu familia, vale la pena. El esfuerzo puede ser enorme, pero los resultados también pueden serlo.
Acompañar estos procesos y ser testigo de una transformación así es, sin duda, una de las partes más gratificantes de mi trabajo.
Pero cuando cuidar a tu familia se convierte en una prioridad, el esfuerzo adquiere otro significado.
Porque a veces invertir en salud mental no significa solamente buscar que algo deje de doler.
Significa abrir la posibilidad de vivir de una manera diferente.
Y poder acompañar a alguien en ese camino es, para mí, un privilegio. 🤍