23/07/2020
Ser consumidores conscientes y responsables con nuestro entorno es detenernos a investigar los procesos con los que se logran los productos que adquirimos y qué tuvo que suceder para que llegaran a nustras manos. Ya lo sé, es mucho más fácil hacernos de la vista gorda y jugarnos la cartita de la ignorancia que enterarnos de que ese artículo que tanto nos gusta se logró con base en algo tan terrible como la tortura animal y que nosotros hemos sido cómplices de ello al contribuir manteniendo en el mercado a las marcas que la practican, que déjenme contarles que en el mundo de la cosmética, es mucho más común de lo que creemos. De acuerdo con la asociación Cruelty Free International, se calcula que más de 115 millones de animales al año son parte de diferentes procesos de pruebas donde son forzados a ingerir químicos, y a que se les coloquen sustancias que irritan y hasta pueden causar quemaduras en su piel y ojos, sólo para que nosotros podamos disfrutar del resultado final de su tortura.
La existencia de SEYTÚ en el mercado es relevante no sólo por los excelentes productos que ofrece a sus consumidores ni por ser una herramienta para el éxito de quienes la promueven, sino porque sus procesos están completamente libres de crueldad animal, poniendo un ejemplo en la industria cosmética que tanto daño ha hecho a lo largo de la historia.