21/05/2026
No todo lo que callamos desaparece.
Hay emociones que el cuerpo guarda, silencios que la mente racionaliza y heridas que aprendimos a esconder para sobrevivir. Pero lo reprimido no se disuelve por ignorarlo, simplemente busca otra puerta para manifestarse.
A veces regresa como ansiedad, irritabilidad, agotamiento, enfermedad, sabotaje o vínculos rotos.
Por eso sanar no es “ser fuerte” ni controlar lo que sentimos sino atrevernos a mirar con honestidad aquello que un día no supimos sostener.
Lo que se expresa conscientemente puede transformarse. Lo que se reprime, tarde o temprano, termina desbordándose.