13/08/2026
Últimamente estoy pensando mucho en dos palabras que aparecen una y otra vez cuando profundizas en la práctica budista: śraddhā y prajñā. Una suele traducirse como fe, confianza o convicción. La otra, como sabiduría o comprensión profunda.
Y me encanta porque juntas hacen mucho más sentido que esa idea de “ten fe y confía en que todo va a salir bien”. Porque… pues no, a veces no sale tan bien 😂
Śraddhā no es creer ciegamente en un poder o una consciencia ajena a ti. Se refiere a esa disposición interna a confiar en los resultados de tu práctica, aunque todavía no tengas todas las respuestas.
Y entonces aparece prajñā, esa sabiduría que llega de haber observado la vida lo suficiente como para empezar a verla con una “visión clara”.
La fe te ayuda a confiar en las cualidades que has cultivado y la otra te ayuda a ver con mayor claridad dónde estás parada.
No se trata de confiar en que la vida va a hacer lo que tú quieres (ya quisiéramos, ¡ja!), más bien, de cultivar las cualidades y habilidades necesarias dentro de ti como para poder encontrarte con la vida tal y como venga.
No sé que va a pasar, pero confío en qué sabré qué hacer. Y no, no es por mis poderes psíquicos o porque el universo me haya prometido nada, sino porque he seguido mi práctica. He observado mis tendencias mentales, he atravesado la incomodidad que trae impermanencia, a través de la enfermedad y la muerte, y he cultivado, poco a poco, algunas de las cualidades necesarias cuando la cosa se pone intensa.
Śraddhā para seguir caminando y prajñā para ver con claridad, para aprender a confiar en las cualidades que has cultivado mientras caminas por el sendero de la vida.
Esto es lo que estoy integrando estos días. No tengo una conclusión definitiva —y qué alivio—, pero sí una pregunta que me acompaña:
¿Qué pasaría si confiara menos en que todo saldrá bien y más en que sabré encontrarme con lo que venga?
P.D. Gracias Ornai (y a la abuelita 🐢) por el recordatorio ☺️