21/05/2026
"Padre.
¿Cómo te llamaré, oh Tú que no tienes nombre?
Aquel que salió de
los abismos de tu soledad,
Tu enviado Jesús, nos dijo que eras y te llamabas Padre.
Fue una gran noticia.
En la inquieta tarde de la eternidad,
mientras eras vida y fuego en expansión,
yo viví en tu mente.
Me acariciabas como un sueño de oro
y mi nombre lo llevabas escrito
en la palma de tu mano derecha.
Yo no le merecía.
Pero tú ya me amabas sin un porqué,
me amabas como se ama a un hijo único.
Desde la noche de mi soledad
levanto mis brazos para decirte: oh Amor.
Padre Santo, mar inagotable
de ternura,
cúbreme con tu Presencia,
que tengo frío
y a veces todo me da miedo.
Dicen que por donde hay amor, no hay temor;
¿Por qué entonces estos negros corceles
me arrastran hacia
mundos ignorados
de ansiedades, miedos y aprensiones?
Padre querido, ten piedad,
Y dame el don de la paz,
la paz de un atardecer.
Yo sé que tú eres la Presente Amante,
el Amor Envolvente,
bosque infinito de brazos.
Eres perdón y comprensión,
Seguridad y certeza, júbilo y libertad.
Salgo a la calle y Tú me acompañas;
Me enfrasco en el
trabajo
y quedas a mi lado;
en la agonía y más allá
me dices, aquí estoy contigo voy.
Aunque intentará evadir tu cerco de amor,
aunque escalara montañas o estrellas,
aunque volara con alas de luz,
es inútil...
En un acoso ineludible me circundas,
inundas y transfiguras.
Me dicen que tus pies caminaron
por los mundos y los siglos
detrás de mi sombra huidiza Y
que cuando me
encontraste
el cielo se deshizo
en canciones.
Con tanta buena noticia
Me has tornado
en un hijo prodigiosamente libre.
Gracias.
Y ahora derriba mis viejos castillos,
las altas murallas de
mis egoísmos
hasta que no queden en mi
ni polvos de mi mismo.
y pueda así ser transparencia
para mis hermanos.
Y entonces, al pasar
por los desolados mundos,
también yo seré ternura y acogida
alumbraré las noches de los peregrinos, diré a los huérfanos:
“Yo soy tu madre”,
daré sombra a los
extenuados, patria a los fugitivos
y los que carecen de hogar se cobijarán bajo el alero de mi
tejado.
Tú eres mi Hogar y mi Patria.
En ese hogar, quiero
descansar al término del combate.
Tú velarás definitivamente mi sueño, oh Padre, eternamente amante
y amado. Amén".
Oración del P. Ignacio Larrañaga