20/07/2026
¿Existen estrategias eficaces para regular una emoción?
Sí, aunque no todas funcionan igual para todas las personas.
Quizá uno de los primeros pasos sea validar lo que sentimos: darnos permiso de experimentar esa emoción y recordarnos que aquello que nos envuelve tiene una razón de existir.
Con frecuencia intentamos minimizar lo que nos pasa con un “no pasa nada”, pero por dentro sabemos que sí pasa.
Ponerle nombre a lo que sentimos también puede ser de gran ayuda.
A veces basta con detenernos un instante y preguntarnos: ¿Qué es esto que estoy sintiendo? ¿Es enojo, tristeza, miedo, frustración, vergüenza?
No siempre tenemos acceso inmediato a estrategias más elaboradas.
En esos momentos puede bastar con salir a caminar unas cuadras, retirarnos a un lugar donde nos sintamos seguros, abrazar un cojín o descargar en él la tensión que llevamos dentro, respirar profundamente o hacer una breve meditación.
Para otras personas, escribir resulta especialmente útil. Tomar una hoja, dejar que las palabras salgan sin juzgarlas y escribir tantas veces como sea necesario, hasta sentir que aquello que llevábamos dentro empieza a encontrar un lugar.
Tomar distancia también nos permite hacernos una pregunta importante: ¿Cómo me voy a sentir respecto a esto dentro de unas horas, mañana o la próxima semana?
¿Cuántas veces hemos estado frente a alguien cuya energía resulta muy incómoda? Personas que parecen entrar en modo de ataque y ante las cuales sentimos que perdemos el control.
Sin embargo, existe otra posibilidad: detenernos y observar.
¿Qué ocurriría si, en lugar de absorberlo todo, pudiéramos mirar esa escena desde otra perspectiva?
Tal vez esa persona actúa así porque nunca tuvo la oportunidad de aprender otra forma de relacionarse con sus emociones. Quizá nadie le enseñó educación emocional cuando era niño.
Podemos intentar comprender que detrás de esa reacción quizá hay una historia de dolor.
Comprender no significa justificar ni aceptar malos tratos; significa responder desde un lugar más consciente.
Al mismo tiempo, mantenernos atentos a lo que ocurre dentro de nosotros nos permite pausar el impulso de responder desde el enojo.
Sabemos que cuando interrumpimos o reaccionamos impulsivamente, el conflicto suele escalar. En cambio, si damos espacio para que el otro termine de hablar, después podremos expresar con calma el impacto que su conducta tuvo en nosotros.
Al final, no tenemos control sobre lo que hacen los demás. Lo que sí podemos elegir es qué hacemos con aquello que los otros hacen y cómo gestionamos nuestra propia experiencia para no responder desde el fuego.
Ese camino no siempre es sencillo. Requiere práctica, paciencia y un profundo trabajo personal.
¿Y tú? ¿Qué estrategias te ayudan a regular tus emociones?
¡TU IMPORTAS! Y en C7 Salud Mental estamos para escucharte y atenderte.☎️ +52 55 2106 0923
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