22/07/2026
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La historia no siempre se apega a los hechos a menudo hay que buscar en las omisiones.
Es así que durante casi catorce siglos la cultura occidental consumió una construcción narrativa sobre María de Magdala que carecía de sustento en los textos más antiguos.
Sin embargo, la arqueología y la filología del siglo XX devolvieron la voz a los fragmentos olvidados. Los manuscritos coptos de Nag Hammadi y el Códice de Berlín revelan que en los primeros dos siglos la Magdalena era reconocida por su aguda visión teológica, su capacidad de liderazgo y su rol como transmisora de la gnosis (el conocimiento interior).
Restituir su figura no es solo un acto de justicia histórica o teológica, es la evidencia de cómo el conocimiento, aunque sea sepultado bajo el dogma, tarde o temprano vuelve a la superficie.