24/09/2026
Querido amigo, querida amiga, hermana, hermano, mamá, papá, ser querido:
Te quiero compartir una carta de mi para mi…
Siempre he creído que soy mala amiga, sin entender realmente muchas cosas.
Porque relacionarme con las personas suele resultarme fácil.
Puedo llegar, conversar, reírme, abrirme, compartir, hacer algo juntas y sentir cariño con bastante naturalidad.
Lo que me ha costado más es sostener los vínculos.
A veces porque siento que una relación requiere mucho más de mí de lo que puedo, quiero o creo que debería dar.
Y entonces pienso demasiado.
¿Cuánto debo estar?
¿Cuánto debo buscar?
¿Cuánto debo contestar?
¿Cuánto debo acompañar?
¿Estoy dando suficiente?
Y otras veces he hecho lo contrario.
Me he alejado.
He dejado mensajes sin responder.
He desaparecido.
Incluso de personas que quería.
Y también tengo que reconocer eso.
Porque entender por qué me retiro no significa que mi ausencia no pueda dolerle a alguien.
Y haber dado demasiado tampoco convierte automáticamente todas mis decisiones en correctas.
Creo que ahí está una de las cosas que estoy aprendiendo:
“Cuidarme no debería significar dejar de mirar al otro.
Y cuidar al otro no debería significar dejar de mirarme a mí”
Parece sencillo.
Pero para mí ha sido una línea bastante más compleja.
En yoga existe ahiṃsā: no violencia & Satya: verdad.
Y últimamente me pregunto si puedo practicar ambas al mismo tiempo.
Decirme la verdad sobre las veces que he fallado, sin utilizar esa verdad para castigarme.
Reconocer cuando he dado de más y me he violentado a mí misma.
Reconocer también cuando me he retirado de una manera que pudo lastimar.
Poder decir:
esto me pasó, esto hice, esto sentí, esto tuvo consecuencias y esto puedo aprender.
Sin convertirlo en:
“por eso soy una mala persona.”
Y curiosamente el otro día leyendo el Bhagavad Gītā hablaba sobre actuar sin quedar atrapados en el resultado de nuestras acciones.
Lo que me llevó a pensar mucho en cómo me relaciono.
En el como…
Puedo cuidar sin controlar.
Puedo dar sin hacer de mi entrega una deuda.
Puedo pedir perdón sin exigir que me perdonen.
Puedo poner un límite sin convertirlo en castigo.
Y quizá también puedo necesitar espacio sin desaparecer.
Mi abue me solía compartir algo que dice la biblia:
“Recuerda hijita lo que dice la Biblia, amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Aún recuerdo con mucha calidez en el pecho aquellos momentos)
Pero ahora lo entiendo un poco mejor. Amar no como si el otro no existiera.
Pero tampoco como si yo no existiera.
Como a ti mismo.
Y quizá esa pequeña frase contiene una de las cosas que más me ha costado aprender:
que la empatía no consiste en borrarme para hacer espacio al otro.
Pero tampoco consiste en ponerme siempre primero.
Consiste en poder sostener la existencia de ambos.
Tú y yo.
Tu cansancio y el mío.
Tu necesidad y la mía.
Tu historia y la mía.
Al final
Nuestras relaciones no ocurren solamente en la cabeza.
Mi cuerpo participa.
La respiración cambia.
La tensión muscular cambia.
La atención cambia.
Los sistemas de mi cuerpo y como este se regula e incluso mi estrés; en cómo percibo cercanía, amenaza, seguridad y conexión.
Por eso a veces puedo saber racionalmente que quiero a alguien y, aun así, sentir que no tengo capacidad para estar o incluso tener la capacidad y habitar en el miedo.
Pero hoy te escribo para decirte y recordarte que lo que sucede dentro de mí no significa que deje de ser responsable de cómo me relaciono con los demás.
Comprender mi reacción no me exime de hacerme responsable de ella.
Y eso también es práctica en la vida
Y entonces veo estas fotografías.
No son fotografías planeadas para hablar de amistad.
Son de un momento real de mi práctica.
La cámara estaba grabando en práctica a lado de una compañera con quien he compartido algunos momentos, un espacio, una práctica, algunas risas… y a quien le tengo cariño.
Y quizá precisamente por eso me gustan.
Porque me recuerdan que no todos los vínculos necesitan convertirse en algo enorme para ser verdaderos.
Hay personas que llegan para quedarse.
Otras que coinciden con nosotros durante un tiempo.
Algunas nos conocen profundamente.
Con otras simplemente compartimos una conversación, una práctica, una caída, una carcajada.
Y eso también puede ser valioso, ahí aprendi empece a entender que si buscas libertad para ti ¿por qué el otro no debería tenerla?, y que toda emoción que traiga de cajón, el solo reconocerla y habitarla sin actuar te da esa libertad.
En una fotografía intento sostenerme.
En la otra estoy perdiendo el equilibrio y riéndome.
Y pienso que quizá las relaciones se parecen un poco a eso.
Quizás aprender a relacionarme no consiste en convertirme en la persona perfecta que nunca falla, nunca se cansa y siempre sabe qué hacer e incluso en la que se etiqueta como floja.
Quizá consiste en que aprenda a estar presente.
A escuchar.
A comunicarme.
A reparar.
A respetar los límites.
A reconocer nuestras propias necesidades sin olvidar que enfrente hay otra persona con un mundo interior tan complejo como el nuestro.
Sin convertir al otro en una fuente de aquello que creemos necesitar para estar bien.
Aunque eso también me confronta.
Porque quizá amar a alguien no significa necesitarlo menos, quizás significa no convertir nuestra necesidad en la medida de su libertad.
Por eso aprendí en Yoga que la práctica no ocurre solamente cuando logro una postura.
Ocurre en la manera en que habito lo que me pasa.
En cómo observo mis reacciones.
En el cómo respondo.
En cómo vuelvo.
En cómo aprendo.
Así que, querido amigo, querida amiga:
Si alguna vez me he alejado de ti sin explicarte demasiado, lo reconozco.
Si alguna vez he dado tanto que después ya no podía estar presente, también.
Si alguna vez confundí amor con disponibilidad absoluta, o distancia con protección, todavía estoy aprendiendo.
No escribo esto porque ya haya encontrado la respuesta.
Lo escribo porque estoy empezando a hacerme mejores preguntas.
¿Cómo puedo estar contigo sin dejar de estar conmigo?
¿Cómo puedo cuidarme sin dejar de cuidarte?
¿Cómo puedo poner límites sin desaparecer?
¿Cómo puedo dar sin abandonarme?
¿Cómo puedo recibir sin exigir?
¿Cómo puedo equivocarme y aun así tener el valor de volver?
Tal vez eso sea parte de madurar.
Y para mí eso es que Yoga sea una forma de vivir
El no solamente aprender a sostener el cuerpo cuando está en equilibrio, sino aprender a permanecer en relación cuando lo perdemos.
Con nosotros.
Con los demás.
Con la vida.
Con amor 🍃
Jahel 🦢