21/12/2025
En las enseñanzas más refinadas de la mente, relajarse alienta a soltar los límites restrictivos autoimpuestos que mantienen a la mente girando en bucles habituales. Relájate. Suelta los alambres tensos que atan la mente autocentrada a sus fabricaciones conocidas. Suelta. Ábrete. Permite nuevas posibilidades. Relájate con el miedo y la incertidumbre. Relájate sin querer cambiar nada, sin esforzarte, juzgar ni ajustar. Para vislumbrar la realidad tal como es, relájate. En algunos linajes, este es un proyecto de diez mil años. El budismo tibetano promete un atajo, pero ¿tan corto? ¿Relajarse de corto? Suelta los puntos de referencia. Descansa. Deja de encontrar fallas o de sentir incomodidad con este mismo momento. Todas nuestras ansiedades y agitaciones siempre se reducen a la insatisfacción con lo que está ocurriendo ahora. Relájate. Este momento está bien. Haz las paces con el ahora. Date la bienvenida. Deja de estropear la realidad intentando arreglarla. Deja de trastear. Relajarse encapsula la esencia de la meditación: soltar las realidades construidas y conocidas. Suelta, descansa, deja que sea. Relájate, muere, permite el renacimiento, permite la renovación, tómate un descanso de lo que crees saber, entra con suavidad en el no saber, en la frescura. No sepas nada. No seas nada.
A medida que continué con prácticas de despertar, llegué a comprender que ninguna instrucción para la liberación sería jamás más profunda que relaja tu mente. Y nada de lo que haya hecho ha exigido más valentía y confianza. Digo esto porque, cuarenta años después de haber escuchado esto por primera vez, emprendí prácticas en las que relajarse era la instrucción principal y central, y necesité cada minuto de prácticas menos exigentes para desarrollar confianza y soltura con esta posibilidad.
Helen Tworkov, Lotus Girl: My Life at the Crossroads of Buddhism and America.
(Traducción propia)