04/06/2026
REFLEXIÓN LECCIÓN 155
UN CURSO DE MILAGROS CON NADIA
“Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino”
“Si la verdad exigiese que renunciasen al mundo, les parecería como si se les estuviera pidiendo que sacrificasen algo que es real…” Lección 155 Un Curso De Milagros
Qué belleza de lección y qué alivio tan grande leer esto, porque durante muchísimo tiempo pensé que el camino espiritual implicaba sacrificio. Que entre más sufriera, más “evolucionada” era. Que tenía que renunciar a cosas, relaciones, placer, dinero, disfrute, éxito, incluso a mi personalidad, para demostrarle a Dios que lo amaba. Y claro, eso me llevaba a una espiritualidad pesada, rígida y tristísima.
Y luego veía a otras personas completamente entregadas al mundo, buscando desesperadamente felicidad en cuerpos, dinero, reconocimiento, relaciones, control, placer, poder… y tampoco eran felices. Y entonces Jesús viene y me dice algo profundamente liberador: ambos caminos llevan a pérdida, Zaz!
Porque tanto el que renuncia al mundo creyéndolo real, como el que se aferra al mundo creyendo que ahí está la salvación, siguen atrapados en la misma ilusión. Qué fuerte.
Muchos hemos confundido la espiritualidad con privación. Creemos que despertar significa vivir en sacrificio constante, casi casi castigándonos para merecer a Dios. Y entonces aparecen personajes espirituales llenos de solemnidad, sintiéndose culpables por disfrutar, por reír, por tener dinero, por enamorarse, por g***r el cuerpo, por experimentar la vida. Como si Dios quisiera hijos apagados, tensos y aterrados de equivocarse. Pero el Curso no dice eso. Jesús no me está pidiendo que destruya el sueño ni que me convierta en una mártir espiritual. Me está pidiendo algo muchísimo más profundo: que deje de creer que el sueño es mi fuente y me deje guiar por la Voz de Dios.
Porque el problema nunca ha sido el mundo, el problema es creer que el mundo puede salvarme…o condenarme. Ahí cambia todo.
Entonces ya no necesito salir corriendo a una montaña ni volverme un personaje “desapegado” que aparenta no necesitar nada. Pero tampoco necesito seguir buscando compulsivamente en el mundo algo que jamás podrá darme lo que realmente anhelo. Y qué precioso lo que dice después esta leccion: “Entre estas dos sendas hay un camino que conduce más allá de cualquier clase de pérdida…” Ese es el camino del Espíritu Santo.
Un camino donde ya no vivo sacrificándome, pero tampoco idolatrando al mundo. Un camino donde puedo experimentar la vida, amar, trabajar, crear, reír, disfrutar, tener relaciones, proyectos y sueños, pero sin olvidar quién soy realmente.
Puedo tomarme una foto bonita, disfrutar una cena deliciosa, enamorarme, viajar, trabajar, ganar dinero, usar cosas hermosas, y aun así recordar que mi paz no depende de nada de eso.
Y también puedo perder cosas dentro del sueño sin perderme a mí. Eso es libertad.
Porque el ego sólo conoce dos extremos: apego o rechazo. O te obsesionas con el mundo o te privas de él creyéndote muy espiritual. Pero el Espíritu Santo me enseña otro camino: participar en el sueño sin olvidar que es un sueño, y entonces aparece una paz distinta. Ya no tengo que vivir peleada con el mundo ni adicta a él. Ya no tengo que sentir culpa por disfrutar ni terror por perder. Ya no tengo que convertirme en alguien raro para “merecer” despertar, puedo caminar como todos los demás, aparentemente igual, pero por dentro completamente distinta. Y eso me encanta de esta lección.
Porque Jesús dice que caminaré por esta senda como otros lo hacen y aunque no parezca diferente, ciertamente lo seré. Qué fuerte. No necesito disfrazarme de espiritualidad. No necesito demostrar nada. La diferencia real sucede en la mente.
La gente tal vez verá en mí a una mujer trabajando, riendo, pagando cuentas, subiendo contenido, enamorándose, llorando a veces, viviendo una vida aparentemente normal. Pero internamente ya no estoy poniendo mi salvación ahí (o practico no hacerlo). Y desde ese lugar puedo ayudar muchísimo más a los demás, no desde el sacrificio, no desde el personaje espiritual perfecto, sino desde alguien que comienza a caminar en paz dentro del sueño.
Porque una persona en paz le recuerda al mundo que sí existe otra manera de vivir.
Hoy ya no quiero los extremos del ego. Ya no quiero ni el apego desesperado al mundo ni la privación disfrazada de espiritualidad. Hoy quiero caminar por ese sendero suave donde no hay pérdida, porque nada real puede perderse.
Y mientras camino, aunque todavía aprenda, aunque todavía olvide cosas a veces, me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino.
NadiaUCDM