30/05/2026
Esta semana compartí una clase con una persona no vidente practicando yoga por primera vez.
Y la experiencia me recordó algo importante…
La inclusión no se trata solamente de abrir las puertas de un espacio. También implica preguntarnos cómo hacemos para que las personas realmente puedan sentirse parte de él.
Durante la práctica entendí que muchas veces las palabras no son suficientes.
A veces una mano puede guiar más que una explicación. A veces la presencia también es una forma de acompañar.
Y quizás eso también es yoga: aprender a movernos con más compasión, escucha y humanidad.
Porque el yoga pertenece a todos. 🪷