06/05/2026
A veces siento que ya no alcanza con ser buena terapeuta.
Nos formamos para escuchar, acompañar, contener, estudiar la mente humana, sostener el dolor de otros con presencia y empatía.
Pero en algún momento, la profesión también empezó a pedirnos otra cosa: exponernos.
Y ahí aparece una parte de la que casi no se habla.
La presión de estar presentes todo el tiempo.
De crear contenido aunque estemos cansados.
De grabarnos, pensar ideas, editar, mostrarnos… mientras por dentro también intentamos sostenernos a nosotros mismos.
Porque detrás de cada publicación muchas veces hay una profesional agotada, intentando equilibrar la pasión por ayudar con el miedo a desaparecer si deja de “estar visible”.
Y sí… a veces duele sentir que tenés que convertirte en marca, creadora de contenido o influencer para poder llegar a más personas, cuando en realidad solo querías ejercer la profesión que amás.
Creo que muchos terapeutas estamos atravesando este choque silencioso entre la profundidad que requiere nuestra profesión y la rapidez que exigen las redes.
Y aunque agradezco poder conectar con personas a través de este espacio, también quería decir esto en voz alta:
a veces cansa.
A veces pesa.
Y a veces extrañamos poder simplemente ser psicólogos.
🤍 A los colegas que sienten lo mismo: no están solos.