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Lily y Schammy — Ministerio cristocéntrico en español. 🙏 Reflexiones bíblicas y esperanza. 📖 Versículo, reflexión e invitación: conoce a Jesús hoy. 📩 [email protected] ⛪ Para edificación espiritual.

Jesús no te llamó “el perdido”. Te llamó por tu nombre.Zaqueo era pequeño. Tan pequeño que la multitud le tapaba la vist...
10/20/2026

Jesús no te llamó “el perdido”. Te llamó por tu nombre.

Zaqueo era pequeño. Tan pequeño que la multitud le tapaba la vista. Era rico, sí, pero despreciado. Jefe de cobradores de impuestos. Para la gente, un traidor. Para muchos, un caso cerrado.

Pero Zaqueo hizo algo hermoso en su desesperación: corrió y se subió a un árbol. No le importó el ridículo. Quería ver a Jesús, aunque fuera de lejos.

Y entonces sucedió el milagro que todavía me conmueve.

Jesús no pasó de largo. Jesús se detuvo. Levantó la mirada. Y no dijo: “¡Eh, pecador!”. Dijo su nombre:

“Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”. — Lucas 19:5

Amigo, amiga: así es Jesús. Él no te conoce por tu error más feo. Te conoce por tu nombre. No vino a humillarte delante de la multitud. Vino a entrar en tu casa, sentarse a tu mesa y cambiar tu historia desde adentro.

La multitud murmuró. Siempre murmura. Pero Jesús declaró:

“Hoy ha venido la salvación a esta casa”. — Lucas 19:9

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. — Lucas 19:10

Quizás hoy tú también sientes que estás arriba de un árbol: mirando de lejos, con vergüenza, pensando “yo ya no tengo arreglo”. Escúchame con el corazón: no eres demasiado pequeño. No estás demasiado lejos. No llegaste demasiado tarde.

Baja del árbol. Jesús quiere entrar hoy en tu casa.

¿Quieres conocer más a Jesús, estudiar la Biblia o aprender más sobre este tema? Escríbenos a [email protected], deja un comentario abajo o envíanos un mensaje directo. También te invitamos a visitar una iglesia local, una comunidad amorosa y basada en la Biblia, donde puedas conocer más a Jesús y crecer en la fe junto a otros creyentes. Él te está llamando por tu nombre.

Cuando solo te queda un puñado de harinaHabía una viuda en Sarepta que salió a recoger leña con el corazón hecho pedazos...
10/19/2026

Cuando solo te queda un puñado de harina

Había una viuda en Sarepta que salió a recoger leña con el corazón hecho pedazos. No tenía pan. No tenía ahorros. Solo le quedaba un puñado de harina en una tinaja y un poco de aceite en una vasija. Su plan era preparar una última comida para ella y para su hijo… y después esperar el final. ¿Conoces ese lugar? ¿El lugar donde haces cuentas y las cuentas simplemente no dan?

Fue precisamente allí, en el fondo de su escasez, donde Dios envió a su profeta. Y escucha bien la promesa que llegó antes del milagro: «Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra» (1 Reyes 17:14).

La viuda creyó. Preparó primero la pequeña torta para el hombre de Dios, no porque le sobrara, sino porque confió. Y la Palabra lo confirma con una sencillez que estremece: «Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por medio de Elías» (1 Reyes 17:16).

Amigo, amiga: tu tinaja puede parecer vacía hoy. Tu fuerza, tu dinero, tu fe… un puñado y nada más. Pero lo poco en manos de Dios nunca es poco. El apóstol Pablo lo escribió así: «Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8). El Dios de Sarepta no ha cambiado. Él sigue multiplicando lo poco de los que confían en Él.

¿Quieres conocer más a Jesús, estudiar la Biblia o profundizar en este tema? Escríbeme a [email protected], déjame un comentario aquí abajo o envíame un mensaje directo. Y te invito también a visitar una iglesia local de tu comunidad: allí encontrarás una familia de creyentes, amorosa y basada en la Biblia, lista para recibirte y caminar contigo mientras conoces más a Jesús.

¿Puede Dios dar vida a lo que ya murió en tu vida?El profeta Ezequiel fue llevado a un valle imposible de olvidar: un va...
10/18/2026

¿Puede Dios dar vida a lo que ya murió en tu vida?

El profeta Ezequiel fue llevado a un valle imposible de olvidar: un valle lleno de huesos secos. No era un cementerio con esperanza. Era el retrato de todo terminado: sueños secos, familias secas, una fe seca.

Y allí, en medio de la muerte, Dios le hizo una pregunta que todavía nos hace hoy:

«Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?» — Ezequiel 37:3

Ezequiel no fingió. No respondió con frases bonitas. Respondió con humildad: Señor, tú lo sabes.

Y entonces Dios habló — y cuando Dios habla, lo que está mu**to escucha:

«He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis». — Ezequiel 37:5

«Y pondré en vosotros mi Espíritu, y viviréis». — Ezequiel 37:14

Amigo, amiga: tal vez tú miras tu matrimonio, tu salud, tu hijo, tu futuro, y solo ves huesos secos. Pero Dios no ve un valle: Dios ve un ejército a punto de levantarse. Lo que para ti es el final, para Él es el comienzo.

Y esta promesa tiene un nombre. Siglos después, Jesús, de pie frente a una tumba, declaró:

«Yo soy la resurrección y la vida». — Juan 11:25

No es solo que Dios PUEDE dar vida. Es que la Vida misma vino en persona: Jesucristo. En Él, ninguna historia está demasiado mu**ta, ningún corazón está demasiado seco, ninguna persona está demasiado lejos.

Donde tú ves un valle, Dios ve un ejército.

¿Quieres conocer más a Jesús, estudiar la Biblia o aprender más sobre este tema? Escríbenos a [email protected], deja tu comentario aquí abajo o envíanos un mensaje directo. También puedes visitar una iglesia local de la comunidad de creyentes que encontrarás en los enlaces de esta página, donde te recibirán con amor para aprender más de Jesús. No camines solo: hay una familia de fe esperándote.

¿Y si tu problema no es la falta de tiempo, sino el lugar donde estás parado?Marta tenía la casa llena y las manos ocupa...
10/17/2026

¿Y si tu problema no es la falta de tiempo, sino el lugar donde estás parado?

Marta tenía la casa llena y las manos ocupadas. Jesús estaba sentado en su sala… y ella estaba en la cocina, afanada, turbada, sirviendo sin parar. ¿Te suena familiar? No estaba haciendo nada malo. Estaba sirviendo. Pero el servicio la estaba consumiendo, y la paz se le escapaba entre los platos.

Entonces hizo lo que hacemos muchos: reclamó. «Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?» (Lucas 10:40). Y Jesús, con esa ternura que no condena pero sí despierta, le respondió: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada» (Lucas 10:41-42).

Escucha bien: Jesús no despreció la cocina de Marta. No le dijo que servir estuviera mal. Le mostró algo más profundo: ninguna actividad, por santa que parezca, puede ocupar el lugar de estar con Él. María no era más amada que Marta. María simplemente escogió primero el lugar correcto: a los pies de Jesús.

Como lo presenta El Deseado de Todas las Gentes, el problema de Marta no era su trabajo, sino su afán — ese apuro del corazón que convierte la bendición en carga. Por eso la Palabra insiste: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios» (Salmo 46:10). Y el apóstol Pablo lo confirma: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias» (Filipenses 4:6).

Tal vez hoy no necesitas hacer más. Necesitas detenerte. Cinco minutos a los pies de Jesús pueden ordenar las otras veintitrés horas. La buena parte no te será quitada… porque nadie puede quitarte lo que recibes en Su presencia.

Cuéntame en los comentarios: ¿eres más Marta o más María en esta etapa de tu vida?

¿Quieres conocer más a Jesús, estudiar la Biblia o profundizar en este tema? Escríbenos a [email protected], deja un comentario aquí abajo o mándanos un mensaje directo. Y te invitamos a visitar una iglesia adventista local, donde encontrarás una comunidad amorosa y basada en la Biblia que te recibirá con los brazos abiertos para seguir aprendiendo de Jesús.

Te traicionaron. Te olvidaron. Y sin embargo, aquí sigues.José tenía 17 años cuando sus propios hermanos lo vendieron co...
10/16/2026

Te traicionaron. Te olvidaron. Y sin embargo, aquí sigues.

José tenía 17 años cuando sus propios hermanos lo vendieron como esclavo (Génesis 37:28). Lo llevaron a Egipto, lejos de su padre, lejos de su casa. Después, siendo inocente, terminó en una cárcel que no merecía (Génesis 39:20).

¿Sabes lo que más me conmueve de esta historia? No es el final feliz. Es lo que la Biblia dice en medio del dolor: "Mas Jehová estaba con José" (Génesis 39:21).

Dios no esperó a que José saliera de la cárcel para acompañarlo. Estuvo con él adentro.

Pasaron los años. Llegó el hambre. Y los mismos hermanos que lo traicionaron tuvieron que pararse frente a él, sin saber quién era. José pudo vengarse. Tenía todo el poder para hacerlo. Pero lloró, los abrazó, y les dijo una de las frases más grandes de toda la Escritura: "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien" (Génesis 50:20).

Escúchame bien: lo que otros quisieron para destruirte, Dios puede usarlo para salvar a muchos — empezando por tu propia familia.

Por eso Pablo pudo escribir siglos después: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:28). Todas. También la traición. También la cárcel. También tu temporada de olvido.

Tu historia no terminó en el pozo. Dios no desperdicia tu dolor.

¿Quieres conocer más a Jesús, estudiar la Biblia, o aprender más sobre este tema? Escríbeme a [email protected], déjame un comentario aquí abajo, o envíame un mensaje directo. También te invito a visitar una iglesia local, una comunidad amorosa y basada en la Biblia, donde podrás aprender más de Jesús y no caminar solo. Él te está esperando.

¿Qué ocupa el primer lugar en tu corazón? Eso que más amas, lo que más temes perder — eso es tu dios. Y el primer mandam...
10/15/2026

¿Qué ocupa el primer lugar en tu corazón? Eso que más amas, lo que más temes perder — eso es tu dios. Y el primer mandamiento te invita a darle ese lugar al Dios que ya te liberó.

Antes de pedirte nada, Dios dice: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.” (Éxodo 20:2-3)

Primero el rescate; después el mandamiento. No es una lista de reglas aburridas — es una invitación a vivir libre. 🕊️

En esta enseñanza, Lily y Schammy comparten tres historias y tres preguntas para descubrir qué está en el trono de tu corazón.

Mírala aquí: https://www.youtube.com/watch?v=B-8rjXAeXg0&utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=ytreach_20261015&utm_content=lilyschammy

Compártela con tu familia o tu grupo de la iglesia. 🙏

10/15/2026

Your debt was paid at the cross. 🙏

“Every debt is real. Nothing leaves unpaid.” A man with nothing left faces the bill he can never cover — until Someone steps in: “I paid what they could not.”

The receipt is already written. Will you accept it — or carry the debt alone?

Watch the 76-second film: https://www.youtube.com/watch?v=5ajQ2MeWZoE&utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=ytreach_20261015&utm_content=lilyschammyministry

Share this with someone who feels they could never pay it back. ❤️

¿Alguna vez oraste tan bajito que nadie te escuchó… y pensaste que Dios tampoco?Ana conoce ese dolor. La Biblia cuenta q...
10/15/2026

¿Alguna vez oraste tan bajito que nadie te escuchó… y pensaste que Dios tampoco?

Ana conoce ese dolor. La Biblia cuenta que ella lloraba en el templo, movía los labios, pero no se oía su voz (1 Samuel 1:10, 13). El sacerdote la vio y pensó lo peor de ella. Nadie entendió su oración. Nadie… excepto Dios.

Escucha esto, amigo, amiga: hay oraciones que no hacen ruido y llegan al cielo. Ana no llevó a Dios un discurso bonito. Le llevó un corazón quebrantado, años de espera, y una tristeza que ya no podía cargar sola. Y la Palabra dice que el Señor se acordó de ella (1 Samuel 1:19). No dice que Dios se acordó de su elocuencia. Se acordó de ELLA.

Tiempo después, Ana sostuvo en sus brazos la respuesta, y le puso por nombre Samuel, un niño que llegaría a ser voz de Dios para su pueblo (1 Samuel 1:20). La mujer que oró sin voz se convirtió en la madre de un profeta. Así trabaja Cristo: Él no necesita que grites para oírte; necesita que no sueltes su mano mientras esperas.

Tal vez hoy tu oración también es así: sin palabras, entre lágrimas, en una cocina, en un hospital, en un carro estacionado. El Salmo 34:17 nos recuerda, en pocas palabras, que Dios oye el clamor de los justos y los libra. Tu silencio no es vacío para Él. Tu lágrima también es una oración.

No confundas el silencio de Dios con su ausencia. A veces, antes de responder, Dios está formando en ti el corazón que podrá sostener la respuesta. Como Ana, levántate hoy, seca tus lágrimas, adora primero… y sigue creyendo. El que oyó una oración sin sonido, también oye la tuya.

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Cuéntame en los comentarios: ¿qué oración silenciosa estás llevando hoy ante Dios? Escríbela aquí, aunque sea en una sola línea, y oremos unos por otros como familia.

¿Alguna vez sentiste que tu fe era demasiado pequeña para llegar hasta Jesús? Escucha bien: hubo un hombre que no llegó ...
10/14/2026

¿Alguna vez sentiste que tu fe era demasiado pequeña para llegar hasta Jesús? Escucha bien: hubo un hombre que no llegó a Jesús caminando… llegó cargado por la fe de sus amigos.

Marcos cuenta la historia con detalles que estremecen. Un paralítico, acostado en una camilla, sin poder moverse por sí mismo. Cuatro amigos lo cargan hasta la casa donde predicaba Jesús. Pero hay un problema: la multitud bloquea la puerta. No se puede entrar.

¿Qué hubieras hecho tú? Muchos habrían dicho: "No se pudo. Volvamos a casa". Pero estos amigos subieron al techo, lo abrieron, y bajaron la camilla justo frente a Jesús.

Y mira lo que dice la Palabra, porque aquí está el corazón del evangelio: "Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados" (Marcos 2:5).

¿Lo notaste? No dice "al ver la fe del enfermo". Dice "la fe de ellos". La fe de los que cargan también llega al cielo. Antes de sanar sus piernas, Jesús sanó su alma — porque Cristo siempre va primero a la raíz: el pecado que nos paraliza por dentro.

Y luego, para que todos supieran que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, le dijo: "Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa" (Marcos 2:11). El hombre se levantó, tomó la camilla en la que lo habían traído… y salió caminando delante de todos (Marcos 2:12).

Amigo, amiga que me lees: tal vez hoy tú eres el paralítico. No hablo solo del cuerpo. Hay parálisis del alma: una culpa vieja, una tristeza que no te deja avanzar, una vida espiritual detenida hace años. Hoy Cristo te dice las mismas palabras: tus pecados te son perdonados. Levántate.

Y tal vez hoy tú eres uno de los cuatro amigos. A tu lado hay alguien que ya no puede llegar solo: un esposo, una madre, un hijo, un vecino. "Mejores son dos que uno… porque si cayeren, el uno levantará a su compañero" (Eclesiastés 4:9-10). No subestimes tus oraciones por esa persona. La intercesión también abre techos. Como escribió Elena G. de White, debemos llevar a los que amamos a Jesús con fe perseverante, y no soltarlos hasta verlos descansar en Él.

La camilla que ayer te cargó puede convertirse mañana en el testimonio que cargas tú. El que entró cargado por otros, salió cargando su propia camilla y glorificando a Dios. Eso es lo que Cristo hace: convierte tu punto más débil en tu sermón más fuerte.

¿Quieres conocer más a Jesús, estudiar la Biblia o aprender más sobre este tema? Escríbeme a [email protected], déjame un comentario aquí abajo o envíame un mensaje directo. Y te invito también a visitar una iglesia adventista del séptimo día en tu ciudad — encontrarás los enlaces e información de iglesias locales en los comentarios y en esta página — donde una comunidad amorosa y basada en la Biblia te recibirá con los brazos abiertos para aprender más de Jesús.

Cuéntame en los comentarios: ¿a quién estás cargando tú en oración? Escribamos sus nombres aquí y oremos unos por otros, como aquellos cuatro amigos.

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