07/19/2026
EL DEPORTISTA JUEGA. PERO,
QUE SE LE JUEGA AL HINCHA...?
El fútbol es un escenario de pertenencias, rivalidades y deseos colectivos. El hincha no solo alienta a un equipo: defiende una identidad. Cuando canta "NOSOTROS", está diciendo quién quiere ser, tanto como a quién apoya.
La tribuna funciona como una comunidad emocional. Personas de diferentes edades, profesiones y clases sociales se funden en un mismo ritual donde las diferencias individuales se suspenden para dar lugar a ese "NOSOTROS" que produce sentido, pertenencia y reconocimiento.
El equipo así, opera como un objeto de identificación. El triunfo se vive como propio y la derrota como HERIDA NARCISISTA. Por eso los cantos rara vez hablan solo de fútbol: exaltan la fidelidad, desafían al rival, humillan al adversario y prometen amor incondicional. En ellos se juegan cuestiones que muchos nocconsiguen en su vida cotiana. El deseo de ser reconocido, la necesidad de pertenecer y la ilusión de formar parte de algo más grande que ellos mismos.
Quizá por eso el fútbol despierta pasiones que exceden cualquier resultado. Lo que se disputa en la cancha son puntos; lo que se juega en la tribuna es identidad, deseo y un modo de inscribirse simbólicamente en una comunidad. Allí radica la fuerza —y también el riesgo— de una pasión capaz de unir multitudes o convertir al otro en un enemigo absoluto.
Por otro lado y no menos notable es el hecho que muchos cantos de cancha, conllevan la amenaza de 'coger' o 'sodomizar' al rival. El cuerpo del otro se convierte en el escenario donde se inscribe la victoria. No alcanza con vencer: hay que degradar al adversario, privarlo simbólicamente de su condición de igual. El goce no reside únicamente en ganar, sino en producir la humillación del otro. El rival deja de ser un competidor para convertirse en objeto sobre el que se ejerce una fantasía de dominio absoluto.