22/06/2026
Dejé de preocuparme tanto por los demás…
El día que el médico me preguntó:
"¿Cuál es el nombre de su acompañante?"
Y tuve que responder:
"Vine solo."
En ese instante comprendí una verdad que duele, pero también libera.
Pasamos gran parte de la vida resolviendo problemas ajenos.
Corriendo cuando otros nos necesitan.
Olvidándonos de nosotros mismos por no fallarle a nadie.
Y, sin embargo, cuando llega un momento difícil…
No siempre están quienes imaginábamos.
No fue un motivo para guardar rencor.
Fue una lección para aprender a darme el lugar que también merezco.
Entendí que cuidar de los demás es hermoso…
Pero descuidarse a uno mismo no es amor, es olvido.
Aprendí que también debo preguntar cómo estoy.
Escuchar mi propio cansancio.
Atender mi salud.
Y valorar mi bienestar sin sentir culpa.
Porque si yo no me cuido…
¿Quién lo hará por mí?
La vida no nos invita a dejar de amar a los demás.
Nos enseña a encontrar un equilibrio.
A estar presentes para quienes amamos, sin desaparecer de nuestra propia historia.
Y también a agradecer profundamente a esas pocas personas que sí permanecen, incluso cuando los días son difíciles.
Desde entonces comprendí que la mejor compañía es una conciencia tranquila, un corazón en paz y la certeza de que nunca debo abandonarme por intentar sostener el mundo entero.
Porque el amor propio no consiste en pensar solo en uno mismo.
Consiste en recordar que también somos importantes.
Y que para seguir cuidando a quienes amamos…
Primero debemos aprender a cuidar de nosotros mismos. 🤍
Me gustó mucho ©️ D.R.