26/02/2026
Hoy me tocó hacer un tatuaje de esos que se sienten distintos. Tatuar el rostro de Cristo no es cualquier cosa; es meterse con la fe y la historia de alguien más. Mientras avanzaba con las sombras y las líneas, sentía que no solo estaba trabajando, sino acompañando una promesa. Al final, no es solo tinta; es un recordatorio de amor y fuerza que ahora va con él a todos lados. Gracias por la confianza