19/04/2026
Cuidado con ese mal que no se ve, pero se siente en la forma de hablar, en la mirada que juzga, en el corazón que deja de escuchar.
No es falta de talento lo que derrumba, a veces es el ego creciendo sin control, inflando silencios, apagando lo mejor del alma.
Soberbia…
ese falso trono donde uno se cree más alto,
olvidando que todos, sin excepción,
necesitamos del otro para no caer.
Arrogancia…
la voz que dice “yo sé”, “yo valgo más”,
mientras cierra puertas que solo la humildad puede abrir.
Prepotencia…
no es fuerza, es miedo disfrazado, es aplastar para no sentirse pequeño, es poder vacío que no construye nada.
Obstinación…
terquedad que no escucha, orgullo que no aprende, ojos cerrados frente a la verdad.
Y lo más peligroso, es no darse cuenta.
Creerse invencible mientras todo alrededor empieza a romperse.
Porque la Soberbia aísla, la Arrogancia enceguece, la Prepotencia vacía, y la Obstinación termina hundiendo.
En cambio, la humildad no te hace menos,
te hace consciente, te hace humano, te hace grande de verdad.
Porque no cae quien menos tiene, cae quien olvida quién es y se cree intocable.
(Tomado de las redes de mi maestro y amigo Sergio Barrientos)