28/03/2026
"¡Que se manche, mi hija! La comida es juguete de los chiquillos"
Como decían las abuelas, aquí en nuestra tierra, donde la Pachamama nos regala tantos tesoros —papas de mil colores, quinua que es oro de los Andes, maíz dulce como el sol, frutas como la chirimoya o el achachairú—, cuando tu bebé empieza a probar cosas nuevas, no solo está comiendo: está conociendo su mundo.
Fíjate bien: ese pequeño está experimentando sensaciones que nunca había sentido. El olor de una sopa de quinua con verduras, el color amarillo brillante de la papalisa o morado intenso de la papa imilla, la textura suave de un puré o un poco más firme de un trocito cocido, incluso el sonido cuando toca el plato o deja caer algo. Todo esto, para él o ella, es como una fiesta.
¿Sabes qué pasa si no lo dejas jugar con la comida? Pues que se frustra. Piensa: si le das un juguete, ¿le prohíbes jugar con él? No, ¿verdad? Pues aquí, la comida es también su juguete, su herramienta para aprender. Y la frustración y el aprendizaje no se llevan bien, te lo digo yo que conozco a nuestros niños. Tu bebé no nace sabiendo comer, como tampoco nace sabiendo hablar o caminar. Tiene que aprenderlo, y aquí, como siempre lo han hecho nuestros abuelos y abuelas, los niños aprenden jugando, explorando, tocando y probando.
Tu bebé no nace sabiendo comer, como tampoco nace sabiendo hablar o caminar. Tiene que aprenderlo, y aquí, como siempre lo han hecho nuestros abuelos y abuelas, los niños aprenden jugando, explorando, tocando y probando.
Así que tranquila, mamá o papá. Deja que tu pequeño explore los sabores de nuestra tierra. Es su manera de decir: "¡Ya soy grande, ya conozco lo que nos da la naturaleza!"