03/03/2026
A u t o m a s a j e con aceite tibio (Abhyanga).
Ahí les va una de las prácticas que más disfruto porque se sienten como un “volver a casa”.
Así como un auto necesita aceite para no crujir en el camino, nosotrxs también necesitamos lubricación para no volvernos rígidos, secos, ruidosos por dentro. Cuando falta ese cuidado, el cuerpo empieza a hablar: articulaciones que truenan, la mente dispersa, la memoria cansada, una ansiedad que prolonga su visita, piel agrietada, cabello débil dolores que parecen pequeños pero constantes. Es la expresión del aire que nos habita. Es sequedad. Es fricción.
El aceite tibio es medicina antigua. Lubricar el cuerpo no es sólo suavizar la piel; es permitir que el diálogo entre las células suceda mejor, que los tejidos se nutran, que la estructura se mantenga firme pero flexible. Es ofrecerle al sistema nervioso una sensación de seguridad. Es recordarle a tu cuerpo que puede descansar.
Además de hidratarnos muy bien y nutrirnos con grasas naturales de calidad, podemos complementar con esta práctica: untarnos aceite tibio —orgánico y de buena calidad— elegido según el clima que nos rodea y nuestra propia naturaleza: más fría o más caliente, más ligera o más densa.
No necesita ser largo. Cinco minutos pueden ser suficientes. Diez pueden cambiar tu día. Quince pueden transformar tu semana. Lo importante no es la duración, sino la presencia.
Es un ritual pequeño. Pero constante, se vuelve profundo. Puedes practicarlo todos los días o empezar por una vez a la semana.
Si deseas orientación para elegir el aceite más adecuado para ti, escríbeme un mensaje. Será un gusto acompañarte a encontrar el que mejor abrace tu naturaleza.