03/09/2026
Cada vez con más frecuencia, estas situaciones aparecen en los consultorios de colegas.
Personas que necesitan espaciar las sesiones, interrumpirlas o directamente no pueden empezar porque el costo ya no entra en sus posibilidades.
Pero también aparece otra dificultad: personas que podrían afrontar el valor de una sesión y, sin embargo, no encuentran dónde ponerla. Trabajan más horas, suman otro trabajo, llegan más tarde a sus casas. Los horarios que quedan disponibles son, muchas veces, los mismos que usan para producir el dinero que necesitan.
Entonces empiezan los malabares: sesiones más espaciadas, horarios que cambian, algún encuentro virtual metido donde se puede. Y no siempre alcanza.
Estamos acostumbrados a pensar el acceso a la psicoterapia en términos económicos. Y claro que el dinero importa. Muchísimo.
Pero el tiempo también empieza a convertirse en una barrera de acceso.
Algunas personas consiguen conservar los recursos para pagar una terapia a costa de quedarse sin el tiempo necesario para hacerla.