03/09/2026
𝗟𝗢 𝗤𝗨𝗘 𝗦𝗘𝗡𝗧𝗜𝗠𝗢𝗦 𝗔𝗛𝗢𝗥𝗔 ©
¿Hasta dónde nos define?
por Juan A. Currado
Hace unos días, un paciente comenzó la sesión diciendo que había anotado varias cosas para conversar. Suele hacerlo durante la semana: registra situaciones, pensamientos o sentimientos que después trae para que conversemos en la sesión.
Esta vez había algo distinto. Algunas de las cosas anotadas el lunes ya no le producían lo mismo el jueves. Otras habían perdido intensidad. Incluso habían aparecieron otros temas que resultaron más relevantes.
No era que aquellas anotaciones hubieran dejado de ser importantes. Lo habían sido cuando aparecieron. Lo que había cambiado era el lugar que ocupaban y desde donde se las veía.
A partir de ahí apareció una pregunta que va más allá de esa situación: ¿cómo vivir una experiencia sin que ocupe toda nuestra vida? ¿Qué hacer con aquello que en un momento nos parece fundamental y unos días después ya no lo parece tanto?
Una preocupación puede concentrar gran parte de nuestra atención durante horas. Una tristeza puede teñir todo lo que hacemos. Un enojo puede hacerse tan presente que parece explicar el día entero.
Mientras sucede, eso es lo que estamos sintiendo. No hay que negarlo ni minimizarlo.
Pero una experiencia puede ocupar mucho espacio sin inundar todo lo que somos ni todo lo que nos está pasando.
Esto también importa cuando, a partir de un sentimiento o de un pensamiento, queremos sacar una conclusión, tomar una decisión o definir algo sobre nuestra vida. No porque lo que sentimos en ese momento sea falso, sino porque todavía no sabemos cuánto va a durar, qué importancia tendrá para nosotros ni qué significado le daremos después.
Hay cosas que permanecen. Otras cambian al día siguiente. Algunas pierden fuerza después de unas horas. Otras, en cambio, adquieren más claridad con el paso del tiempo. Incluso puede suceder que algo que en un momento parecía bueno, necesario o evidente, después sea visto de otra manera.
Por eso, a veces hace falta dejar que una experiencia transcurra, que se asiente, antes de convertirla en una conclusión.
Registrar lo que sentimos puede ayudar precisamente a eso: a volver sobre lo vivido y observar qué siguió estando ahí, qué cambió y qué apareció después.
Una emoción es completamente legítima en el momento en que se la vive y, al mismo tiempo, puede ser solo una parte de nuestra vida, aunque en ese momento parezca fundamental.
La cuestión no es dejar de atender a esa parte. Es poder escucharla sin confundirla con el todo.
Juan A. Currado
Lic. en Psicología – Universidad de Buenos Aires – MN 15.548
𝗔𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝘀𝗶𝗰𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮 𝗼𝗻𝗹𝗶𝗻𝗲 · 𝗖𝗵𝗮𝗿𝗹𝗮𝘀 𝘆 𝘁𝗮𝗹𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀
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