15/10/2026
EL YO FANTASMA ©
Cuando el cuerpo cambia
por Juan A. Currado
¿Seguís entrenando para ser el de antes?
Hay algo curioso con Messi. Para nosotros, que lo miramos de afuera, puede seguir siendo el mejor de la cancha. Para él, que imagino se mide desde adentro, la comparación es otra. No con sus compañeros ni con el rival de hoy, sino con el jugador que fue hace veinte años. La velocidad que ya no es la misma, el cuerpo que no reacciona a la misma velocidad que la cabeza y la recuperación le lleva más tiempo.
Si le pasa a él, cómo no nos va a pasar a nosotros.
Una vez escuché a un ciclista profesional de 65 años, de los que pedaleó toda la vida. Me decía que cuando se sube a la bici se siente como si tuviese 20.
Le creo. Nos pasa a los que llevamos muchos años entrenando y unos cuantos vividos. Te ponés las zapatillas, la ropa de tu deporte querido, y el cuerpo por un momento no trae el cansancio de ayer, trae otra memoria. La de cuando todo era más liviano, más rápido, sin tener que pensarlo. Por un rato parece que el tiempo no pasó. Hasta que a los pocos minutos el cuerpo de hoy se hace sentir y te avisa que ya no es el de antes.
Ese primer instante, ese de sentirnos con 30 años menos, es como un “yo fantasma”. Lo que pudimos hacer durante tanto tiempo queda guardado adentro como parte de quiénes somos. Las marcas, los tiempos, la manera en que el cuerpo respondía. Queda guardado y vuelve cada vez que nos vestimos para salir. Por eso cuesta soltarlo.
En el deporte profesional, el retiro marca un final: llega un día en que la carrera termina y hay que pensarse de otra manera. En el amateur no hay una fecha así. Muchas veces el corte lo pone una lesión, una pausa forzada o un cuerpo que ya no responde como antes. Hasta entonces podemos seguir jugando, corriendo, nadando durante décadas, y el cambio va llegando de a poco. Seguimos, pero sin registrar del todo cuánto cambió el punto de partida.
Seguimos exigiéndonos como antes. Entrenamos un poco más de lo que conviene, no escuchamos una molestia, nos enojamos porque el esfuerzo ya no devuelve lo mismo. Lo que se podría resolver ajustando cargas, tiempos o expectativas, se vuelve una pelea con nosotros mismos.
No es bajar los brazos. Tampoco es dejar de mejorar.
Es aprender a distinguir. Qué de mi rendimiento todavía puedo mejorar si entreno distinto. Qué necesito hacer de otra manera. Y qué parte ya no va a ser como antes, porque el cuerpo tiene su tiempo.
La experiencia no se pierde. Queda el conocimiento del juego, la técnica, el saber qué hacer en cada momento. Pero para usar todo eso hay que mirar con quién nos estamos comparando: con el que fuimos o con el que somos hoy.
¿Vuelvo a ser el de antes o descubro cómo puedo practicar mi deporte hoy?
Por mirar tanto la marca, a veces nos olvidamos de esto:
Aun con una lesión o con una condición que obliga a cuidarse, muchas veces hay alguna forma de moverse, con acompañamiento profesional si hace falta. Correr aunque sea más lento, nadar aunque necesitemos más pausas, jugar un rato, probar otro deporte que antes no teníamos tiempo. El rendimiento cambia, pero sigue siendo movimiento, sigue siendo juego, sigue siendo encuentro con otros.
Sin la marca de antes, el deporte sigue dándonos lo que nos da hoy. Y eso, sostenido en el tiempo, nos cuida. No solo al cuerpo. También a la forma en que nos llevamos con nosotros mismos.
© Juan A. Currado
Lic. en Psicología – Universidad de Buenos Aires – MN 15.548
📲 𝗔𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗻 𝗣𝘀𝗶𝗰𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 𝗗𝗲𝗽𝗼𝗿𝘁𝗶𝘃𝗮 / 𝗼𝗻𝗹𝗶𝗻𝗲
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