Psicóloga María Fait

Psicóloga María Fait Para reflexionar... Lic. María Fait (Psicóloga y Docente)

14/04/2026

Recibí el siguiente mensaje. Me gustó y lo comparto:
"La palabra Pascua (pascae en latín, pèsaj en hebreo) significa PASO.
En el caso de los Judíos representa el cruce del Mar Rojo, es decir el PASO de la esclavitud hacia la libertad;
Para los católicos se celebra la Resurrección de Cristo, es decir, el PASO de la muerte hacia la vida eterna.
Incluso para los ateos significa la supremacía del espíritu por sobre la materia... ... Por eso en estas Pascuas deseo de todo corazòn que nos animemos y demos ese PASO.
El que nos haga pasar:
De la Resignación a la Acción;
De la indiferencia a la solidaridad;
De la queja a la búsqueda de soluciones;
De la desconfianza al abrazo sincero;
Del miedo al coraje de volver a apostar todo por amor;
De recoger sin vergüenza los trozos de sueños rotos y volver a empezar;
De la autosuficiencia al compartir el fracaso y los éxitos
De hacer las paces con nuestro pasado para que no arruine nuestro presente,
Y de saber que de nada sirve ser luz, sino podemos iluminar el camino de alguien."
FELICES PASCUAS
Paz y Amor

22/03/2026

Hoy celebro 9 años en Facebook. Gracias por su apoyo constante. No podría haberlo logrado sin ustedes. 🙏🤗🎉

22/03/2026

LA MUERTE DE LA CONVERSACIÓN

Acabo de leer en internet que a la entrada de algunos restaurantes europeos, les decomisan a los clientes sus teléfonos celulares. Según la nota, se trata de una corriente de personas que busca recobrar el placer de comer, beber y conversar sin que los "ring tones" interrumpan o los comensales den vueltas como gatos, entre las mesas, mientras hablan a gritos con sus celulares.

La noticia me produjo envidia de la buena. Personalmente, ya no recuerdo lo que es sostener una conversación de corrido, larga y profunda, bebiendo café o chocolate, sin que mi interlocutor me deje con la palabra en la boca, porque suena su celular. En ocasiones es peor. Hace poco estaba en una reunión de trabajo, que simplemente se disolvió porque tres de las cinco personas que estábamos en la mesa empezaron a atender sus llamadas urgentes por celular. Era un caos espantoso de conversaciones al mismo tiempo.
Es como si los que están cerca no importaran; sólo importan los que llaman.

Gracias al celular, la conversación se está convirtiendo en un esbozo telegráfico que no llega a ningún lado. El teléfono se ha convertido en un verdadero intruso. Cada vez es peor. Antes, la gente solía buscar un rincón para hablar. Ahora se ha perdido el pudor. Todo el mundo grita por su móvil, desde el lugar mismo en que se encuentra.

La batalla, por ejemplo, contra los conductores que manejan con una mano, mientras la otra, además de sus ojos y su cerebro se concentran en contestar el celular, parece perdida. Aunque la gente piensa que puede hablar o escribir al tiempo que se conduce, hay que estar en un accidente causado por un adicto al teléfono para darse cuenta de que no es así.

No niego las ventajas enormes con la comunicación por celular. La velocidad, el don de la ubicuidad que produce y por supuesto, la integración que ha propiciado para muchos sectores antes al margen de la telefonía. Pero me preocupa que mientras más nos comunicamos en la distancia, menos nos hablamos cuando estamos cerca.

Me impresiona la dependencia que tenemos del teléfono. Preferimos perder la cédula profesional que el móvil, pues con frecuencia, la tarjeta si funciona más que nuestra propia memoria. El celular más que un instrumento, parece una extensión del cuerpo, y casi nadie puede resistir la sensación de abandono y soledad cuando pasan las horas y éste no suena. Por eso quizá algunos nunca lo apagan.

En el cine he visto a montones contestar en voz baja para decir: -estoy en el cine, después te llamo.

Es algo que por más que intento, no puedo entender. También puedo percibir la sensación de desamparo que se produce en muchas personas cuando las azafatas dicen en el avión que está a punto de despegar que es hora de apagar los celulares. También he sido testigo de la inquietud que se desata cuando suena uno de tos timbres más populares y todos en acto reflejo nos llevamos la mano al bolsillo o la cartera, buscando el propio aparato.

Pero de todos, los Blackberry y IPhone merecen capítulo aparte. Enajenados y autistas. Así he visto a muchos de mis colegas, absortos en el chat de este invento. La escena suele repetirse. El Blackberry o IPhone en el escritorio. Un pitido que anuncia la llegada de un mensaje, y el personaje que tengo en frente se lanza sobre el teléfono. Casi nunca pueden abstenerse de contestar de inmediato. Lo veo teclear un rato, masajear la bolita, y sonreír; luego mirarme y decir: "¿En qué íbamos?". Pero ya la conversación se ha ido al traste. No conozco a nadie que tenga Blackberry o IPhone y no sea adicto a éste.
Alguien me decía que antes, en las mañanas al levantarse, su primer instinto era tomarse un buen café. Ahora su primer acto cotidiano es tomar su aparato y responder al instante todos sus mensajes. Es la tiranía de lo instantáneo, de lo simultáneo, de lo disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual que terminará acabando con el otrora delicioso placer de conversar con el otro, frente a frente.
ME LLEGÓ POR MAIL... PARA PENSAR (GRACIAS SU)

“La ternura es un refugio silencioso en el tumulto de la vida, un lenguaje sin palabras que trasciende fronteras y barre...
07/02/2026

“La ternura es un refugio silencioso en el tumulto de la vida, un lenguaje sin palabras que trasciende fronteras y barreras. Es la capacidad de ver con los ojos del alma y tocar con las manos del corazón, un acto de profunda empatía y compasión que florece en lo simple: un abrazo inesperado, una mirada que comprende, un gesto que cuida.

Es fuerza en la suavidad, valentía en la vulnerabilidad. La ternura no busca conquistar, sino conectar; no exige, sino entrega. Surge en la delicadeza de un susurro, en el cuidado con que se sostiene una flor, en la paciencia infinita hacia los errores propios y ajenos.

En un mundo que a menudo valora lo ruidoso y lo rápido, la ternura invita a la pausa, a la contemplación. Nos recuerda que no somos islas, que nuestra humanidad se refleja en el otro. Es, en esencia, la promesa de que, incluso en la adversidad, siempre habrá un rincón donde reine la bondad.

Cultivar la ternura es, quizás, el mayor acto de rebeldía y esperanza, porque en ella yace la semilla de una humanidad más justa y amorosa.”

🖋- Radio Borda

En el trabajo, muchas veces se confunden los roles con los afectos. Compartir horas, tareas y cansancio no siempre signi...
16/01/2026

En el trabajo, muchas veces se confunden los roles con los afectos. Compartir horas, tareas y cansancio no siempre significa lealtad. Aprender a distinguir entre compañerismo y amistad es una lección dura, pero necesaria para proteger tu paz y tu enfoque.

El entorno laboral no es un espacio para esperar comprensión emocional, sino para cumplir responsabilidades. Cuando entiendes esto, dejas de tomarte personal miradas, comentarios o silencios, y empiezas a moverte con más claridad y menos desgaste interno.

Hacer bien tu trabajo es una forma de respeto hacia ti mismo. No necesitas agradar, justificarte ni entrar en juegos innecesarios. Tu valor no se mide por cuántos te aprueban, sino por la disciplina con la que cumples lo que te corresponde.

Esperar amistad donde hay competencia suele terminar en decepción. No porque los demás sean malos, sino porque cada quien cuida sus propios intereses. Comprender esto te vuelve más firme, menos ingenuo y mucho más libre emocionalmente.

Tomar tu pago y volver a casa simboliza algo más profundo: saber cerrar ciclos diarios sin cargar con lo que no te pertenece. El trabajo se queda en el trabajo; tu vida, tus sueños y tu descanso están fuera de esas paredes.

Cuando separas lo laboral de lo personal, recuperas energía. Dejas de rumiar situaciones, suposiciones y conflictos que no te suman. Empiezas a vivir con más ligereza y menos ruido mental. Eso también es madurez.

No todos los lugares son para abrir el corazón. Algunos son solo estaciones de paso. Entenderlo no te hace frío, te hace sabio. Cumple, cobra y sigue caminando sin resentimiento, pero con límites claros.

Créditos a su autor.

Construyó una mansión para hijos que nunca llegarían… y luego entregó todo su imperio del chocolate para que esas habita...
14/01/2026

Construyó una mansión para hijos que nunca llegarían… y luego entregó todo su imperio del chocolate para que esas habitaciones nunca volvieran a estar vacías.

Hershey, Pensilvania.

Milton Hershey se sentaba en una enorme residencia diseñada para una familia que jamás tendría. Tenía 43 años. Era un millonario hecho a sí mismo. Su imperio chocolatero crecía sin parar. Una ciudad entera llevaba su nombre.
Tenía todo lo que, según el mundo, un hombre debía desear.
Todo, excepto hijos.

Cada noche, Milton y su esposa Kitty recorrían pasillos silenciosos, atravesaban habitaciones infantiles donde nadie dormía y jardines por los que nadie corría ni reía. Debido a complicaciones médicas, Kitty no podía tener hijos.
A comienzos del siglo XX, eso significaba el final de la historia. Las parejas adineradas no adoptaban; se consideraba extraño, incluso escandaloso. El guion estaba claro: aceptar la falta de hijos, concentrarse en los negocios y dejar la fortuna a parientes lejanos.

Milton Hershey rompió ese guion en mil pedazos.

Conocía el fracaso de primera mano. No el simbólico, sino el doloroso y humillante. Su primer negocio de dulces en Filadelfia fracasó por completo. El segundo, en Nueva York, fue aún peor. A los 30 años estaba endeudado y sin nada que mostrar, salvo una década de trabajo brutal que parecía no haber servido para nada. La mayoría se habría rendido.
Milton lo intentó una vez más.

Esa terquedad —esa negativa absoluta a aceptar la derrota— definiría toda su vida.

Año 1909. El anuncio que dejó a todos desconcertados.
Milton y Kitty abren una escuela.
No financian la de otros. No se limitan a escribir cheques.
Construyen su propia escuela, en su propia tierra, con su propio dinero.
Para niños huérfanos.

Sus amigos no lo entendían: “Diriges un imperio del chocolate. ¿Por qué meterte también en una escuela? Dona dinero y ya está”.
Pero los Hershey no querían ayudar desde la distancia.
Querían ser padres.

Llegaron los primeros alumnos: huérfanos reales, niños sin familia ni futuro. Chicos que la sociedad ya había dado por perdidos.
Milton se arrodillaba a su altura, los miraba a los ojos y les decía algo fundamental:
—Esto no es caridad. Esto es familia.

Kitty visitaba la escuela constantemente. Conocía a cada niño por su nombre. Preguntaba por sus estudios, sus sueños, si se sentían seguros. No actuaba como benefactora: ejercía de madre para los hijos que su cuerpo no pudo darle.

Durante seis años, el proyecto creció. Llegaron más niños.
Hasta que en 1915 Kitty murió repentinamente. Tenía solo 42 años.

Milton quedó devastado. Muchos pensaron que ese sería el final, que cerraría la escuela porque había sido el sueño de ambos.
Pero en 1918 hizo algo impensable.

En una reunión del consejo anunció que transfería el control mayoritario de Hershey Chocolate Company —todo el imperio— a un fideicomiso.
Para la escuela.

No una parte. No un porcentaje.
Todo.

Sesenta millones de dólares de la época. Cada barra de chocolate. Cada centavo de ganancia. Todo destinado a los niños.

Algunos creyeron que había perdido la razón: “¿Y tu legado? ¿Y tu familia?”
Su respuesta fue clara:
—Este es mi legado. Estos niños son mi familia.

Incluso entregó la mansión en la que vivía, convirtiéndola en el edificio principal de la escuela. Él se mudó a una vivienda modesta.

Milton Hershey murió en 1945 a los 88 años. No rodeado de lujos, sino de fotografías de estudiantes que habían terminado la escuela y construido sus propias vidas.

Y entonces la historia se volvió aún más grande.

Hoy, más de 2.100 niños viven y estudian en la Milton Hershey School. Completamente gratis.
Hogares de estilo familiar, tres comidas diarias, ropa, atención médica y psicológica, educación, deportes, música y preparación universitaria.
Todo financiado por el fideicomiso creado en 1918, que hoy administra más de 17.000 millones de dólares.

Cada Hershey’s Kiss. Cada Reese’s. Cada tableta de chocolate: una parte de esas ganancias se transforma en infancia para quienes no la tendrían de otro modo.

Milton Hershey nunca conoció a la mayoría de esos niños. Murió décadas antes de que nacieran.
Y aun así, cada uno de ellos demuestra que el amor no necesita compartir ADN.

En el campus hay una estatua suya. No lo muestra como un gran empresario.
Lo muestra arrodillado junto a un niño, mirándolo a los ojos, con la mano sobre su hombro.
No un rico frente a un huérfano.
Un padre frente a su hijo.

La mayoría de los multimillonarios dejan su fortuna a sus hijos biológicos.
Milton Hershey no tuvo ninguno.
Así que dejó todo su imperio a niños que no habrían heredado nada… y les dio todo.

Porque el legado no es lo que acumulas.
Es lo que sigue vivo cuando ya no estás.

El chocolate es dulce.
Pero lo que Milton Hershey hizo con sus ganancias…
ese es el sabor que permanece.

No es fácil envejecer,te tienes que acostumbrar a caminar más despacio,a despedirte de quien erasy saludar a quien te ha...
04/01/2026

No es fácil envejecer,
te tienes que acostumbrar
a caminar más despacio,
a despedirte de quien eras
y saludar a quien te has convertido.
Es difícil esto de cumplir años,
hay que saber aceptar tu nuevo rostro
y pasear con orgullo tu nuevo cuerpo
y desprenderse de vergüenzas,
de prejuicios y del miedo que dan los años,
y dejar que pase lo que tenga que pasar,
y dejar que se vaya quien se tenga que ir,
y dejar que se quede el que se quiera quedar.
No, no es fácil esto de hacerse viejo,
hay que aprender a no esperar nada de nadie,
a caminar solo, a despertar solo
y a que no te atrape cada mañana
el tipo que ves frente al espejo,
y aceptar que todo se acaba
y la vida también,
y saber despedirse de los que se van
y recordar a los que ya se fueron,
y llorar hasta vaciarse
hasta secarse por dentro,
para que crezcan nuevas sonrisas,
otras ilusiones y nuevos anhelos.

Alejandro Jodorowsky

*ENCONTRADO EN LA RED

𝐸𝑙 𝑒𝑟𝑟𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝐷𝑜𝑛̃𝑎 𝐶𝑎𝑡𝑎 𝑛𝑜 𝑓𝑢𝑒 𝑚𝑜𝑟𝑖𝑟 𝑠𝑖𝑛 𝑑𝑖𝑛𝑒𝑟𝑜… 𝑓𝑢𝑒 𝑚𝑜𝑟𝑖𝑟 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑎𝑚𝑜𝑟 𝑑𝑒 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑟𝑎 𝑚𝑎́𝑠 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑢𝑛 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑒𝑛...
03/01/2026

𝐸𝑙 𝑒𝑟𝑟𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝐷𝑜𝑛̃𝑎 𝐶𝑎𝑡𝑎 𝑛𝑜 𝑓𝑢𝑒 𝑚𝑜𝑟𝑖𝑟 𝑠𝑖𝑛 𝑑𝑖𝑛𝑒𝑟𝑜… 𝑓𝑢𝑒 𝑚𝑜𝑟𝑖𝑟 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑎𝑚𝑜𝑟 𝑑𝑒 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑟𝑎 𝑚𝑎́𝑠 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑢𝑛 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑒𝑛𝑜.

𝐷𝑜𝑛̃𝑎 𝐶𝑎𝑡𝑎 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑑𝑒𝑐𝜄́𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑜𝑟𝑔𝑢𝑙𝑙𝑜: —"𝑁𝑜 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑝𝑎𝑝𝑒𝑙𝑒𝑠. 𝑀𝑖𝑠 ℎ𝑖𝑗𝑜𝑠 𝑠𝑜𝑛 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑜𝑠, 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑏𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑠𝑎 𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜𝑠. 𝐸𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑒 𝑣𝑎𝑛 𝑎 𝑎𝑟𝑟𝑒𝑔𝑙𝑎𝑟."

𝑌 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑙𝑙𝑎 𝑣𝑖𝑣𝜄́𝑎, 𝑎𝑠𝜄́ 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝜄́𝑎. 𝐿𝑎 𝑐𝑎𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝐷𝑜𝑛̃𝑎 𝐶𝑎𝑡𝑎 𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑙 𝑝𝑢𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑢𝑛𝑖𝑜́𝑛. 𝐴ℎ𝜄́ 𝑠𝑒 ℎ𝑎𝑐𝜄́𝑎𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑎𝑣𝑖𝑑𝑎𝑑𝑒𝑠. 𝐴ℎ𝜄́ 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑛𝑖𝑒𝑡𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜. 𝐴ℎ𝜄́, 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑎 𝑚𝑒𝑠𝑎 𝑣𝑖𝑒𝑗𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑎𝑑𝑒𝑟𝑎, 𝑡𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑚𝜄́𝑎𝑛 𝑦 𝑟𝑒𝜄́𝑎𝑛.

𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑒𝑙 𝑑𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝐷𝑜𝑛̃𝑎 𝐶𝑎𝑡𝑎 𝑐𝑒𝑟𝑟𝑜́ 𝑙𝑜𝑠 𝑜𝑗𝑜𝑠, 𝑙𝑎 𝑓𝑎𝑚𝑖𝑙𝑖𝑎 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒́𝑛 𝑐𝑒𝑟𝑟𝑜́ 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛. 𝐸𝑙 𝑙𝑢𝑡𝑜 𝑑𝑢𝑟𝑜́ 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑎𝑟𝑑𝑜́ 𝑒𝑛 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑟 𝑒𝑙 𝑐𝑎𝑓𝑒́ 𝑎𝑙 𝑣𝑒𝑙𝑜𝑟𝑖𝑜. 𝐴𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑛𝑡𝑒𝑟𝑟𝑎𝑟𝑙𝑎, 𝑦𝑎 𝑠𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑐ℎ𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑢𝑟𝑚𝑢𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑐𝑜𝑐𝑖𝑛𝑎: —"𝑌𝑜 𝑠𝑜𝑦 𝑒𝑙 𝑚𝑎𝑦𝑜𝑟, 𝑦𝑜 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑑𝑜." —"𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑦𝑜 𝑙𝑎 𝑐𝑢𝑖𝑑𝑒́ 𝑙𝑜𝑠 𝑢́𝑙𝑡𝑖𝑚𝑜𝑠 𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑚𝑒𝑟𝑒𝑧𝑐𝑜 𝑚𝑎́𝑠." —"𝑇𝑢́ 𝑛𝑖 𝑣𝑒𝑛𝜄́𝑎𝑠 𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑙𝑎, ¿𝑎ℎ𝑜𝑟𝑎 𝑠𝜄́ 𝑡𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑒𝑠𝑎 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑠𝑎.ᐣ"

𝐿𝑎 𝑐𝑎𝑠𝑎, 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑜𝑙𝜄́𝑎 𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑖𝑑𝑎 𝑦 𝑎𝑙𝑒𝑔𝑟𝜄́𝑎, 𝑒𝑚𝑝𝑒𝑧𝑜́ 𝑎 𝑜𝑙𝑒𝑟 𝑎 𝑎𝑏𝑜𝑔𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑦 𝑒𝑛𝑣𝑖𝑑𝑖𝑎. 𝐿𝑜𝑠 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝑠𝑒𝑟 𝑓𝑎𝑚𝑖𝑙𝑖𝑎 𝑦 𝑠𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑖𝑟𝑡𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑒𝑛 𝑟𝑖𝑣𝑎𝑙𝑒𝑠. 𝐶𝑎𝑚𝑏𝑖𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑐ℎ𝑎𝑝𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎𝑠. 𝑆𝑒 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑑𝑒 ℎ𝑎𝑏𝑙𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑢𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑛̃𝑜𝑠. 𝑆𝑒 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑛𝑑𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑠𝑢 𝑝𝑟𝑜𝑝𝑖𝑎 𝑠𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑝𝑜𝑟 𝑢𝑛𝑜𝑠 𝑚𝑒𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑑𝑟𝑖𝑙𝑙𝑜 𝑦 𝑐𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜.

𝐻𝑜𝑦, 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝐷𝑜𝑛̃𝑎 𝐶𝑎𝑡𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑣𝑎𝑐𝜄́𝑎. 𝑇𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑣𝑖𝑑𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑟𝑜𝑡𝑜𝑠 𝑦 𝑢𝑛 𝑙𝑒𝑡𝑟𝑒𝑟𝑜 𝑑𝑒 "𝐸𝑛 𝐿𝑖𝑡𝑖𝑔𝑖𝑜" 𝑝𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑣𝑒𝑛𝑡𝑎𝑛𝑎. 𝐿𝑎 ℎ𝑢𝑚𝑒𝑑𝑎𝑑 𝑠𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑐𝑜𝑚𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑑𝑒𝑠, 𝑖𝑔𝑢𝑎𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑟𝑒𝑛𝑐𝑜𝑟 𝑠𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑖𝑜́ 𝑎 𝑙𝑎 𝑓𝑎𝑚𝑖𝑙𝑖𝑎.

𝑁𝑎𝑑𝑖𝑒 𝑔𝑎𝑛𝑜́. 𝑇𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛. 𝑃𝑒𝑟𝑑𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑠𝑎, 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑓𝑢𝑒 𝑒𝑛 𝑝𝑎𝑔𝑎𝑟𝑙𝑒 𝑎𝑙 𝑗𝑢𝑧𝑔𝑎𝑑𝑜. 𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜, 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑢́𝑛𝑖𝑐𝑜 𝑙𝑢𝑔𝑎𝑟 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑎𝑙𝑔𝑢́𝑛 𝑑𝜄́𝑎 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑓𝑒𝑙𝑖𝑐𝑒𝑠 𝑗𝑢𝑛𝑡𝑜𝑠.

𝑉𝐸𝑅𝐷𝐴𝐷 𝐵𝑅𝑈𝑇𝐴𝐿: 𝐿𝑎 ℎ𝑒𝑟𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑒𝑠 𝑒𝑠𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑣𝑖𝑣𝑜𝑠 𝑠𝑒 𝑚𝑎𝑡𝑒𝑛. 𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠, 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑑𝑟𝑒𝑠 𝑐𝑟𝑒𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑛 𝑢𝑛 𝑡𝑒𝑐ℎ𝑜, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑖𝑛 𝑢𝑛 𝑡𝑒𝑠𝑡𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑐𝑙𝑎𝑟𝑜, 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑛 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑟𝑖𝑛𝑔 𝑑𝑒 𝑏𝑜𝑥𝑒𝑜.

𝑅𝐸𝐹𝐿𝐸𝑋𝐼𝑂́𝑁 𝐹𝐼𝑁𝐴𝐿: 𝑆𝑖 𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑑𝑟𝑒: 𝑁𝑜 𝑑𝑒𝑗𝑒𝑠 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑙𝑒𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑓𝑟𝑎𝑧𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑏𝑒𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠. 𝐴𝑟𝑟𝑒𝑔𝑙𝑎 𝑡𝑢𝑠 𝑝𝑎𝑝𝑒𝑙𝑒𝑠 𝐻𝑂𝑌. 𝑂 𝑚𝑒𝑗𝑜𝑟 𝑎𝑢́𝑛… 𝑑𝑖𝑠𝑓𝑟𝑢𝑡𝑎 𝑡𝑢𝑠 𝑏𝑖𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑣𝑖𝑑𝑎. 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠 𝑚𝑢𝑦 𝑡𝑟𝑖𝑠𝑡𝑒 𝑣𝑒𝑟 𝑐𝑜́𝑚𝑜 𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑛𝑒𝑟𝑜 𝑝𝑒𝑠𝑎 𝑚𝑎́𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒, 𝑦 𝑐𝑜́𝑚𝑜 𝑢𝑛 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑒𝑛𝑜 𝑣𝑎𝑙𝑒 𝑚𝑎́𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑢𝑛 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜.

28/12/2025

Miras tu habitación y ahí está: esa silla, silenciosa pero abrumada, sepultada bajo una montaña de ropa que no está ni limpia ni sucia, ni guardada ni lista para usar. Es un caos organizado, un testimonio de días ajetreados o decisiones pospuestas. Pero, según la psicología, esa silla no es ...

Soledad, Chico BuarqueSoledad no es la falta de gente para conversar,enamorar, pasear o hacer s**o...Esto es carencia.So...
27/12/2025

Soledad, Chico Buarque

Soledad no es la falta de gente para conversar,
enamorar, pasear o hacer s**o...
Esto es carencia.

Soledad no es el sentimiento que sentimos en la
ausencia de personas queridas que no pueden más volver...
Esto es melancolía

Soledad no es el retiro voluntario que la gente se impone,
a veces, para rearmar los pensamientos...
Esto es equilíbrio.

Soledad no es el claustro involuntario que el destino nos
impone compulsivamente para que reveamos nuestra vida. ..
Esto es un principio de la naturaleza.

Soledad no es el vacío de gente a nuestro lado...
Esto es circunstancia
Soledad es mucho más que esto.

Soledad es cuando nos perdemos de nosotros mismos y buscamos en vano nuestra alma...

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